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Archivos Mensuales: septiembre 2011

La vida a veces se empeña en quitarnos a personas antes de tiempo, privándonos de su referencia a largo plazo y otorgándolas con su repentina muerte un halo de inmortalidad que algunos, como Drazen Petrovic, hubiesen obtenido perfectamente en vida.
Nacido en Šibenik, Croacia, este genio del baloncesto logró prácticamente todos los títulos habidos y por haber en el basket europeo, arrasando con el Cibona de Zagreb y consiguiendo plasmar una leyenda imborrable en la memoria de los aficionados a este deporte, con su grácil visión de juego y su portentoso tiro y penetración a canasta, que lo convertía en un escolta prácticamente imparable que se cargaba al equipo a la espalda continuamente y que brindaba de actuaciones memorables en los momentos más importantes.
Muchos son los grandes partidos que Drazen protagonizó, pondré algunos de los más recordados y cada vídeo hará que quieras buscar otro similar al finalizar o ver cualquier recopilatorio de los muchos que abundan youtube, aunque resumir en unos pocos vídeos su juego no está a la altura de lo que fue y de lo que pudo haber sido.
Un jugador que me hizo amar un poco más este deporte, que siempre he considerado mi favorito, el que más me gusta jugar y el que más tiempo hace que no juego… cosas de la vida.

Además siempre he tenido especial cariño a todo lo que rodeó este jugador, que disfruté en mi infancia con mucho más seguimiento que la legendaria NBA de esos años, si bien en el viejo continente la leyenda también sería antológica gracias a una generación de jugadores inolvidables.
Un jugador que dio un paso de gigante por aquella época al llegar a la NBA, en la que los jugadores europeos eran tipificados de meros tiradores sin valor defensivo y que invitó a soñar a toda una generación de enormes baloncestistas que a día de hoy, y seguro que cuando eran más jóvenes, vieron y se sintieron inspirados por las carreras por la cancha de ese jugador con cara de pocos amigos que dominaba los partidos a su antojo.

¿Pero quién vive?
Gaff, la sombra que nos persigue incluso cuando el Sol desaparece, la conciencia personificada, el conocimiento de lo que sabemos pero preferimos ignorar. Toda nuestra vida es cuestionada por una tercera persona, esa tercera persona que nos observa, que no valora lo que hayamos hecho, sino el último acto que cometamos. La vida esté destinada o no tiene sus momentos para el recuerdo, sus pequeños muñecos de papel… muñecos que miramos, recogemos y observamos con atención para volverlos a dejar en su sitio. Deckard comprende su naturaleza al encontrarse con sus propios sueños, y precisamente lo hace con una figura basada en los sueños y la imaginación, un Unicornio, desapercibido para el resto, pero notorio para quien despierta cada mañana con la memoria ocupada por lo que la noche o el día le ha ofrecido mientras dormía. Somos marionetas de una obra teatral aún por terminar, los hilos que nos atan nos hacen vivir algo que no elegimos, sólo cuando los rompemos comenzamos a vivir… algo imposible, siempre el conocimiento está por delante de nuestro siguiente paso, pero aún así somos felices cuando tenemos lo que queremos, cuando alcanzamos un propósito disfrutable con fecha de caducidad, cuando escapamos, huimos y nos encerramos en nuestras oscuras habitaciones, con nuestros pensamientos, nuestra música, nuestras viejas fotos…

“It’s too bad she won’t live! But then again, who does?”

Esta nebulosa, situada a 8.000 años luz de la Tierra, es una auténtica obra de arte de la galaxia y su propio aspecto es curiosamente una perfecta metáfora de su naturaleza, que está a punto de desaparecer en el tiempo. Justo en el centro de la formación, se haya una estrella agonizante que arroja al espacio una cantidad espectacular de radiación, una enana blanca cuyo núcleo ha empezado a enfriarse.
Su peculiar forma también se ha asociado a la posible influencia de un agujero negro cercano, pero el terrible mundo de estos depredadores del Universo es otra historia…

Rodeas un estanque, la vegetación lo bordea en toda su extensión, un enorme pasillo empieza a aparecer a tu derecha, a veces vacío, en otras ocasiones plagado de caminantes.
Empieza a distinguirse la entrada, una torre casi destruida, otra torre… la tercera ya no la ves, a lo lejos los 5 picos del monte Meru hacen su aparición entre la fina luz de la mañana y captan toda tu atención.
En la lejanía te parecen enormes, perfectos, majestuosos y sin dejarlos de mirar vas recorriendo el pasillo.
Te paran, enseñas el pase de visita, te dan amablemente las gracias con las manos unidas, sigues adelante.
La entrada del templo frente a ti ahora sí capta tu atención, los 5 picos son tapados por ella, bajas las escaleras de piedra y observas las diferentes entradas, te decides a tomar una que está invadida por una enorme estatua de Visnú, que con su multitud de brazos y la leve luz de una vela, parece que en cualquier momento va a cobrar vida.
Te ves rodeado de oscuridad, pero la oscuridad enmarca la luz del fondo, que muestra otro pasillo y la maravilla de Angkor en la lejanía.
Poco tiempo después y según la hora y el lugar en el que te encuentres, consigues verte rodeado de Apsaras, de guerreros, demonios, dioses y ojos que todo lo ven, con el leve zumbido de libélulas de tamaño sobrenatural y el canto de los pájaros que resuenan solitarios entre la inmensidad de las galerías del recinto.
Un lugar único, que invita a ser visto una y otra vez, con miles de detalles que van cambiando a medida que la luz se vuelve más oscura.
No hay mejor lugar para contar un secreto, ni mejor lugar para perderse…

Lejano Angkor Wat

Histograma

Visnú acompañado

Angkor

Uno de los lugares más evocadores y caóticos de Berlín es la Kaiser-Wilhelm-Gedätchtniskirche, una iglesia neorrománica que se levanta tal y como quedó tras los bombardeos aliados en 1943. El resultado es un ruinoso edificio de gran impacto, nunca mejor dicho, que es un perfecto testigo de cómo quedó la ciudad tras finalizar la II Guerra Mundial. A su lado, se añadió recientemente una especie de campanario y sala octogonal de cristales azules de estilo mucho más moderno y que contrasta de forma bastante curiosa el emplazamiento de la iglesia, que se encuentra en uno de los lugares más impersonales de la ciudad pero que gracias a este particular monumento es uno de los de más obligada visita. Llegar hasta aquí en S-Bahn y ver desde tu tren al salir a la superficie la torre semidestruida entre un caos de personas, grúas, edificios y obras, es una fantástica experiencia.

Roto y nuevo

Capilla Kaiser

Azul

Cruzados

Una de las piezas más curiosas del Museo de Escocia en Edimburgo, es un juego de pequeñas figuras de ajedrez de origen noruego encontradas en la isla de Lewis. La materia prima de prácticamente todas las piezas es marfil y dientes de ballena, y es además una de los juegos medievales más antiguos que se conservan en la actualidad, posiblemente del siglo XII.
Su diseño es bastante delirante, con soldados que se esconden tras sus escudos representando a las actuales torres, y reyes y reinas de ojos saltones, poses pensativas y autoritarias. Las piezas tienen un pequeño halo de leyenda y una sangrienta historia baña su brillante material, que cual anillo de Sauron, fue pasando por diferentes dueños, desde un marinero a un pastor asesino que fue posteriormente ahorcado, dejando las piezas sepultadas en un lugar aparentemente seguro hasta que fueron encontradas nuevamente y confundidas con Gnomos.
Finalmente, fueron vendidas al mejor postor por su último dueño y actualmente desprenden su particular magia entre gruesas paredes de cristal.

Lewis

Moviendo ficha

Pieza a caballo

Sombra de ajedrez

Defensa