John Carpenter, el director de mi infancia

Me gusta recordar las cosas que hacía de pequeño y descubrir que, aunque sea un tópico decirlo, no he cambiado mucho.
A veces me doy cuenta de que muchas de esas cosas que a día de hoy me gustan o muchos lugares que me gustaría visitar tienen un origen directo con mi infancia, y todas gracias a un motor que siempre ha movido gran parte de mi vida, el cine.
Pocas cosas me gustan más que esperar a la noche, o más bien a la madrugada, para ponerme a ver una película en el más profundo de los silencios. De pequeño no disponía de las madrugadas, pero las tardes y los fines de semana casi completos los pasaba frente al televisor sin más distracción que lo que veía en pantalla.
Supongo que con los años las distracciones son mayores, eso quizás sí ha cambiado.

John Carpenter siempre ha sido considerado uno de los grandes, un magnífico director al que conocí más bien con los años, por aquella época uno no miraba por quien estaba dirigido el film, sino más bien lo que te hacía sentir más allá de los nombres o las referencias.
Y claro, la primera vez que vi “Golpe en la pequeña China”, aluciné, para mi tenía todo… me hacía reír, me dejaba boquiabierto, me daba un poco de miedo y me volvía a hacer reír.
A día de hoy es una de las películas a las que tengo más cariño, cada vez que la veo en televisión me vienen al instante cientos de recuerdos, y además es una película que para mi no ha perdido nada en estos años, al contrario, su halo mágico, místico y sumamente delirante le hace estar por encima de casi cualquier intento de cine espectáculo de la actualidad.

Una pequeña joya ochentera de las que ya no abundan, sólo la reciente “Super 8” es un acercamiento más o menos honroso del tipo de cine que se hacía hace unos años para hacer feliz a los niños y a los no tan niños.
Carpenter además ha creado algunas de las fantasías más inolvidables de la gran pantalla, “La cosa” es algo realmente impresionante que va más allá de la nostalgia, una obra maestra que me sigue poniendo los pelos de punta y de la que siempre he dicho que tiene la mejor actuación animal vista jamás en una pantalla… me resulta inolvidable ese inexpresivo perro mirando a través de las puertas, y lejos de darme miedo, la cambiante criatura me fascinaba, curiosamente me daban más miedo los ojos brillantes de Lopan que un bicho Lovecraftiano de tentáculos cartilaginosos.

Sin olvidar “1997, rescate en Nueva York”, otra maravilla con el gran Kurt Russell, y que además sería la gran inspiración de un tal Hideo Kojima a la hora de crear su famosa saga “Metal Gear”, otra joya pero en otro tipo de formato.
Carpenter lleva unos años de capa caída, pero su legado, más allá de estas tres referenciales películas, siempre irá en mi ADN, y espero que llegue algo de ello a mi progenie, ¡si la sangre del bote de muestras salta al recibir calor me daré por satisfecho!

“Call me Snake”

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