Whistlejacket

Londres es una maravilla, tanto por dentro como por fuera la ciudad es una auténtica obra de culto a todo tipo de artes. La oferta es inmensa, pero una de las mejores sensaciones que produce recorrer la ciudad es mirar hacia un museo y saber que dentro encontrarás algo grande y que acceder a él será tan fácil como cruzar su puerta, dejar tu abrigo y equipo fotográfico y disfrutar durante unas horas del silencio y de la voz de tu cabeza.
Una de las obras que más me sorprendió en su día fue este “Whistlejacket” de George Stubbs, me sorprendió tanto porque el lugar donde se ubica en la National Gallery es frente un pequeño pasillo y cuando lo vi desde la lejanía parecía que se trataba de una escultura.
No es una escultura, pero casi, George Stubbs era un auténtico maestro a la hora de pintar equinos, tanta era su maestría que los cuadros en los que aparecen más elementos se nota su cierta falta de detalle en detrimento de sus majestuosos caballos y su espectacular conocimiento de su anatomía.
“Whistlejacket” es el perfecto ejemplo a su frase “la naturaleza es y siempre fue superior al arte”, una obra enorme en tamaño y en detalle, en la que la luz ilumina sutilmente cada rasgo del animal, sus venas, su real musculatura, con sus cuartos traseros en tensión y su textura, en la que el pelaje del encabritado caballo se puede sentir y casi oler.
Un majestuoso caballo de carrera que Stubbs hizo inmortal.

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