Rapa Nui

En unos días cogeré un (unos) largo vuelo hacia uno de los lugares que más me han atraído desde que tengo memoria selectiva, la Isla de Pascua.
Como otras muchas cosas que conozco hoy, el lugar me llamó la atención desde mi infancia gracias a un videojuego, un juego de Game Boy llamado Nemesis (que sería realmente parte de la saga Gradius de Konami), que era el clásico matamarcianos de scroll horizontal plagado de enemigos por todas partes y en el que curiosamente algunos de los enemigos eran unas caras de piedra de pronunciado perfil que arrojaban bolas de fuego por su boca… moais.

Posteriormente llegaría el momento de descubrir, a veces de forma meramente accidental como muchos grandes descubrimientos de aquellos años, que las estatuas que tanto me costaba destruir dando al botón de la monocrómatica Game Boy en realidad existían, que se ubicaban en una remota isla anclada en medio del Pacífico y que su significado era toda una incógnita, así como su transporte, auténticas moles esculpidas en la cantera de Rano Raraku y ubicadas y diseminadas por toda la costa sin aparente explicación sobre cómo habían podido moverse, erguirse y colocarse sobre sus altares, los ahu.

Un lugar fascinante, que siempre me he imaginado como una especie de nave espacial estrellada en el océano, con sus tres volcanes extintos como símbolo inequívoco de sus propulsores ya inservibles y con los moais guardando en silencio su secreto para que nunca se descubra.
A día de hoy se saben muchas más cosas acerca de este particular sitio, como que sus antiguos habitantes terminaron con todos sus recursos y fueron pereciendo ya fuera por falta de alimentos, por disputas tribales o por la invasión de los navegantes del otro mundo.

La isla es una especie de metáfora sobre nuestra propia vida y el camino que el ser humano parece destinado a alcanzar, agotar el material útil, matarse los unos a los otros para subsistir, invadir o ser invadidos y después dejar una huella que puede llegar a verse o no, depende de quien sea el siguiente que pueble este planeta plagado de maravillas que una vez alguien como nosotros hizo con sólo la inspiración de mirar a las estrellas.

Como muchos lugares del mundo, las explicaciones dan lugar a más preguntas.

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