Ahu Akivi

Uno de los lugares más mágicos de la isla es sin duda, el Ahu Akivi, la única plataforma ceremonial en la que sus moai miran al mar, ya que el resto de los que están en pie por Rapa Nui, miran hacia el interior.

Tronco

La disposición de los gigantes de piedra tenía principalmente una función protectora sobre los habitantes próximos al Ahu, ya que se decía que su presencia preservaba el mana, fuerza espiritual de la vida, y su mirada estaba destinada a proteger a los clanes que tuviesen los moai ante sus ojos.
De hecho, la mayoría de los moai caídos en la isla a día de hoy fueron derribados en su día por los distintos clanes en su propia autodestrucción, derribando a sus teóricos ancestros para privar al clan de su poder y protección.

Ahu Akivi

Pero como todo en Rapa Nui, las historias, las leyendas y lo que se adapta a los diferentes lenguajes de la propia vida, tiene diferentes y apasionantes versiones, siempre salpicadas con un toque de misterio ya innato en el lugar y en la propia opinión del visitante, que casi siempre mira las figuras sorprendido, no sólo por su tamaño o misterioso transporte, sino por su propia fisionomía.
Lo cierto que este Ahu es uno de los más bonitos de Te Pito o Te Henua, 7 moai que miran hacia el mar y que representan a los primeros exploradores que el rey Hotu Matua envío más allá del océano en busca de un nuevo hogar.

En línea al mar

Como casi todos los lugares de la isla, estos grupos de moai suelen aparecer de improvisto, generando auténticas sorpresas y otorgando a los solitarios paseos por el lugar algo de compañía más allá de los simpáticos caballos y las malhumoradas vacas.
Las cuencas de los ojos vacías de este grupo de 7 exploradores parecen tener una serena expresión y si te das la vuelta puedes seguir su mirada hasta observar en la lejanía el brillante océano Pacífico, que en muchos momentos del día parece un espejo en el que las nubes se reflejan y la sensación de aislamiento se hace un poco más notoria y fascinante al ser consciente del punto del mapa en el que te encuentras.

Al mar

Próximo a este complejo se encuentra Maunga Terevaka, el punto más alto de la isla, desde el que se puede acceder aquí a través de una agotadora caminata que otorga uno de los paisajes más bellos de la Isla de Pascua, y en donde se aprecia realmente el pequeño tamaño que posee.
Contra más te alejas de los moai, más en contacto entras con la soledad, aquí puedes estar horas y horas sin encontrarte con nadie, una sensación de libertad absoluta que no dejó de tener momentos ciertamente hilarantes rozando el terror más extremo en las profundísimas y oscuras cuevas de la isla.
Pero eso, es otra historia.

Akivi al Sol

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