Terevaka

Subir el volcán extinto de Maunga Terevaka es un pequeño viaje hacia el más absoluto de los silencios. A medida que se va dejando atrás las poco transitadas carreteras de la isla y la subida va volviéndose más y más agotadora, el ensordecedor ruido de las olas al chocar los acantilados se convierte en un ligero eco en la lejanía, suplantado por el protagonismo del sonido de la propia naturaleza, que en los cráteres colindantes ha ido formando una especie de microclima en el que la vegetación es abundante y los caballos pastan a sus anchas.

Camino

Caballo al Sol

El paisaje alrededor del volcán más joven de Rapa Nui es impresionante a pesar de su cierta aridez, y el océano es perfectamente divisible desde todos los puntos del ascenso, incluso la línea del horizonte parece tornarse más y más curva a medida que se va coronando el Terevaka.
Lo mejor de esta experiencia es sin duda apreciar desde una perspectiva más general el accidentado paisaje del lugar y situar de forma precisa esos lugares en los que ya has estado y ver un poco más imposible el traslado de los moai a lo largo y ancho de la costa.
Se dice que los habitantes de la isla fueron auténticos pioneros en el agotamiento de los recursos de un lugar habitado, acabando progresivamente con la vegetación en la talla y transporte de los moai.

Nubes en el mar

Rapa Nui no deja de ser una especie de pequeña metáfora o certero diario sobre el carácter humano, y aunque abundan las leyendas y supuestos orígenes de sus habitantes y sus hazañas, lo cierto es que el posible fin o más bien, receso, de esta misteriosa población de impresionante legado cultural es un pequeño libro que ya conocemos pero que de momento no tiene final.

Postes

El final sin embargo para el pueblo Rapa Nui es bastante trágico, y unido a la desaparición de la naturaleza y a los propios conflictos tribales, su población quedó profundamente diezmada hasta casi rozar su fin, sobre todo al llegar los terribles navíos del viejo continente, arrasando con todo a su paso e imponiendo la esclavitud, la religión y propagando enfermedades por toda la isla hasta hacerla prácticamente desaparecer.
A veces es inevitable preguntarse que pasaría ante una hecatombe de similares características a gran escala, cómo reaccionaríamos y como surgiría el instinto de supervivencia tantas veces temido y en el que el ser humano aporta su cara más frágil y a la vez más terrible.

Paisaje volcánico

La respuesta está en esta pequeña isla del Pacífico, que en su existencia dejó un legado único en el mundo y que a día de hoy sonríe al visitante y le muestra con mucho cariño un lugar que mantiene prácticamente todas las tradiciones y misterios que la hicieron tan especial.
Observar desde lo alto de este volcán la isla, hace que la imaginación se expanda y empiece a pensar en las muchas cosas cotidianas que la vida ha hecho tan normales que ya no tienen casi importancia.

Agujero negro

Quizá sea el lugar, quizá sea la situación o el simple hecho de pensar que estás aquí y hay que disfrutarlo, pero todo cuanto siente tus sentidos es inolvidable, desde el sonido del viento hasta la anaranjada luz del Sol poniéndose más allá del océano para dejar ver las primeras estrellas de la noche, todas divisibles con una claridad de observatorio espacial.

El árbol de la vida

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