Cuevas

Muchas son las cuevas que hay para visitar en la isla. Cuando te informas sobre ellas y te dicen claramente que te hace falta una linterna para recorrerlas hasta cierto punto puedes pensar que tal vez no sea para tanto. Lo cierto es que me compré una buena linterna para ir a la isla y su halo de luz se convirtió en un auténtico sable láser contra el miedo.
Sí, pasé miedo y mucho.
Antes de profundizar en las cuevas de la zona oeste de Rapa Nui, la primera decisión fue ver la sorprendente cueva de Ana Kai Tangata, cercana a la caleta de Hanga Piko, una abertura escondida en un pequeño acantilado que parece una enorme boca y que contaba con unas preciosas pinturas rupestres con imágenes de los Manutara, el pájaro sagrado de la cultura Rapa Nui. La visión de esta muestra de arte sobre la piedra hace que la cueva te parezca pequeña en ese sentido, deseando ver más de lo que ofrece en los colores rojizos y azulados de las aves mientras las olas del océano rompen al borde de la cueva con agresividad.
En cierto sentido Ana Kai Tangata sabe a poco y fue además una cueva bastante engañosa, pues la luminosidad que la envuelve me hacía mirar mi linterna con cara de: “¿yo qué hago con esto?”.
Mis palabras al día siguiente tuvieron su respuesta.

Ana Kai Tangata

Ana Te Pahu es una cueva principalmente conocida por la especie de microclima que se ha generado en su entrada, que es de vegetación abundante en contraste con el prácticamente desolador paisaje que tiene prácticamente al lado. Su apariencia puramente volcánica hace que recorrerla sea como atravesar tubos de piedra derretida y mientras nos íbamos introduciendo en la cueva me era inevitable recordar las imágenes de “The Descent”. La oscuridad más absoluta iba surgiendo entre las sombras del más absoluto de los silencios con la única compañía de mi novia, que tenía una cara de pánico que jamás olvidaré. Por supuesto y como es habitual en la isla, no había nadie en kilómetros a la redonda, sólo nosotros con una linterna y un aura de miedo palpable.
Lo cierto es que el valor nos hizo avanzar poco a poco por el interior de la cueva y la linterna se volvió en el objeto de más incalculable valor de nuestra vida, iluminando profundidades que en cualquier momento parecían querer mostrar brillantes ojos o alguna criatura devorando a un despistado espeleólogo.
Y con todo esto, seguíamos avanzando más y más y más y más hasta que llegamos a una bifurcación en la que solté una tranquilizadora frase a mi impactada pareja: “quédate aquí que voy a investigar”.

Lógicamente me quedé a su lado para protegerla con la linterna y le propuse hacer fotos, que ya que habíamos cargado con el dichoso trípode que menos que darle un último uso antes de morir devorados por el monstruo de Pascua.
Pero bueno, más allá del indudable buen rato (al salir y huir despavoridos prácticamente) que nos hizo pasar esta fascinante cueva, Ana Te Pahu también es conocida porque se dice que se usaba como refugio hace siglos y también como un posible osario.
Por supuesto es un lugar de obligada visita y el peligro realmente no existe como tal, pero sí, llevad una linterna que os sentiréis más seguros iluminando compulsivamente a la oscuridad para que muestre su lado más afable.
Un entorno nuevamente fascinante.

Saliendo de la cueva

Luz en la cueva

Cueva oscura

Caverna

Las otras dos cuevas que visitamos parecían al lado de Te Pahu poca cosa y se afrontaron con algo más de valentía al ver que al menos tenían fin. La primera, cercana al sector del Ahu Tepeu era relativamente pequeña y en su angosta entrada, se apreciaba perfectamente el mecanismo de seguridad que elaboraban los habitantes de la isla para dificultar el acceso a la cueva a un amplio grupo de personas, una manera inmejorable de mantener cierta ventaja ante una posible amenaza.
La segunda, Ana Kakenga, la cueva de las dos ventanas, un precioso recinto con dos aberturas volcánicas que dan a un acantilado y que en la lejanía parecen dos ojos que han dejado de llorar lava y que miran al océano, y al cercano islote de Motu Tautara, para el asombro del visitante.

Luz al final

Línea de piedras

Ana Kakenga

Islotes

Toda una aventura que posee una enorme gama de emociones pero en la que finalmente el asombro brilla por encima de todo lo demás.
Excepto de la linterna, claro.

Olas

Anuncios
2 comentarios
  1. Qué bonito todo, pellejudo. Un día tendrás que hacer un ranking de tus viajes favoritos 😉
    Si la cueva es como la de Descent Elisa no entra ni loca, viendo la peli casi muere presa de un ataque de nervios…

  2. Jajajaja, lo haré! mi top 3 lo tengo más o menos claro! pero profundizaré más!
    La cueva parecía que estaba habitada por una raza de vampiros casi extinta, impactante la verdad! Las fotos porque mientras la cámara captaba durante unos segundos la cueva con larga exposición, me dedicaba a mover la linterna de lado a lado para que se viera cómo era todo, porque si apagaba la linterna era absoluta oscuridad y el típico goteo irregular con eco de fondo.
    Mucho miedo! jajajaja

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: