Akahanga

De los muchos moai caídos a lo largo y ancho de la isla, quizás el complejo que tiene más importancia por el estado de sus gigantes derribados sea Akahanga.

Gigante caído

Ver un moai caído es una sensación extraña, cercana a la tristeza. Lo cierto es que la gran mayoría de los lugares de la isla, excepto sus dos estrellas principales, Rano Raraku y Orongo, posee un aspecto de abandono considerable, lo que le da por una parte mucho encanto, ya que esa sensación de ir por las carreteras de Rapa Nui e ir parando por la costa para apreciar mejor sus grupos de derrotados moai sin más compañía que algún grupo eventual de visitantes, no tiene precio.
Lo más preocupante es sin duda el estado de muchos de estos Ahu, con el viento y el mar azotando sin remisión unas estructuras que están destinadas a ir perdiéndose poco a poco.

Akahanga derribado

Solo

En el prado

Akahanga es un lugar en el que el tiempo parece ir el doble de rápido, ya que tiene tantas cosas que ver y son todas tan fascinantes que es casi imposible querer abarcarlas todas en una visita. En la ladera que conduce al mar pueden encontrarse los restos de un poblado, con sus casas bote o hare paenga, diversos crematorios, cuevas y sobre todo, dos Ahu que en su día debieron ser imponentes y que hoy yacen con sus figuras desperdigadas y caídas, algunas mirando al cielo y otras, como suele ser habitual, con su cara apoyada en el volcánico terreno.
La guerra entre clanes que asoló la isla, la propia naturaleza y el inevitable paso del tiempo, ha hecho que muchas de estas misteriosas figuras sean a día de hoy sólo el punto final de una gran frase que hay que imaginar.

Erosión

Abandonado

Aquí también se encuentra el que considero mi moai caído favorito, una enorme escultura en un gran estado de conservación que parece haberse ido deslizando poco a poco por la ladera hasta finalmente quedar frenada y anclada para siempre entre las rocas.

Perfil caído

Caídos

Recorrer la costa este de la isla es el preámbulo perfecto al gran premio final que es encontrarte con Tongariki y Rano Raraku, en el que los hasta entonces caídos moai se ponen en pie para impresionar aún más al visitante y dotar de un poco más de fascinación y misterio a este pequeño terreno sobre el océano.

Amanece en Tongariki

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