Orongo

La aldea ceremonial de Orongo es sin ninguna duda el entorno natural más impresionante de toda la isla.
El cráter extinto que corona este lugar, es el principal reclamo y verlo por vez primera es simplemente sorprendente, creando uno de los entornos más adictivos de Rapa Nui, pues su aspecto varía muchísimo según la luz que lo envuelve, haciendo surgir nuevos colores y reflejos en la tranquila agua de su laguna y provocando querer estar frente a él en el mejor momento posible para poder apreciarlo como se merece.
Rano Kau, es una enorme circunferencia de 1,5 kilómetros de diámetro que aloja en su interior una gran cantidad de flora nativa y de “islas” de totora, una especie de juncos que al unirse parecen formar un Mapa Mundi alternativo en el volcán.

Rano de cerca

Borde del volcán

Pero la parte más sorprendente de Orongo y que ensalza aún más el lugar en el que se encuentra, es su aldea, un conjunto de casas elípticas que tienen en sus estrechas entradas un conjunto de fascinantes historias sobre el ceremonia del Tangata Manu, hombre pájaro, y de la épica carrera hasta el huevo del Manutara.
Recorrer Orongo es alejarse un poco más del mundo y entrar en la particular cultura de la isla, con el conjunto más numeroso y mejor conservado de petroglifos del lugar, un legado escrito en la piedra que narra de manera eventual y simbólica el sacrificio que era necesario para reinar en la isla durante un año.
Desde el borde del cráter se pueden admirar los fotógenicos islotes de Motu Kau Kau, Motu Iti y Motu Nui, el lugar donde se encontraba el primer huevo de la anidación del Manutara, principal protagonista de una ceremonia que vista desde lo más alto de la aldea parece un auténtico suicidio, ya que cuesta mucho imaginar como los elegidos descendían la verticalidad del volcán hasta llegar al mar, nadaban hasta los islotes y volvían escalar Rano Kau hasta la aldea.
Un ritual que marcó el principio del fin de los habitantes de la isla, coincidiendo con la catastrófica llegada de los primeros navíos del exterior.

Kari Kari

Orongo

Rano

Petroglifos

Durante mucho tiempo me imaginé a Orongo de una manera bastante espectacular y una vez allí me di cuenta de que me había quedado muy corto, primero por su enorme tamaño y su complejísimo entramado de viviendas de aparente simpleza pero estructural magia, y el misterio que desprenden sus petroglifos cada vez más erosionados de dioses y figuras humanas con cabeza de pájaro.
Un lugar a día de hoy bastante protegido, pero que en su día albergó muchos más tesoros, como el moai que hoy se exhibe en el British Museum y que cuenta con uno de los trabajos de tallado más importantes y bellos jamás realizados en la espalda de uno de estos gigantes de piedra.
Orongo completó el círculo creado hace unos años en Londres delante de ese mismo moai, que me hacía imaginar como sería la Isla de Pascua y que sirvió además de pequeño prólogo de viaje.
Esa fotografía del 2007 tiene ahora mismo para mi un significado completamente diferente, más unida a un recuerdo ya vivido que a un recuerdo por vivir y que acentúa un poco más la extraña sensación de tristeza con la que abandoné la isla y que a día de hoy sopeso entre fotografías, este blog y el pensamiento de que algún día, tal vez muy lejano, volveré a caminar entre los moai.

Motu Ini

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: