Ahu Vinapu

Una de los lugares más mágicos y sorprendentes de Rapa Nui es el Ahu Vinapu, un altar aparentemente como el resto que bordea la costa, con sus moai derribados y algún que otro pukao en los alrededores. Pero la gran diferencia radica en la estructura de su plataforma, que posee un acabado similar al de las construcciones incas que pueden verse en Perú, más concretamente en Cuzco.
La visión de los bloques perfectamente cortados y ensamblados no deja de ser sorprendente, ya que el resto de ahu de la isla a pesar de estar profusamente elaborados, carecen de esta particularidad, que enlaza directamente a dos culturas muy diferentes en un mismo punto.
¿Una posible visita incaica a Rapa Nui?, es posible, muchas teorías alaban esta pregunta, pero la carencia de una respuesta más o menos concreta es lo que da aire y vida a la Isla de Pascua, la absoluta certeza de que todo tiene una explicación sin saber muy bien cual es.

Moai de Vinapu

Vinapu

Perfecto

Vinapu es una gran toma de contacto para iniciar un recorrido por toda la ruta este de la isla y también para apreciar la gran diferencia entre este apartado lugar cercano a Orongo y la mampostería del resto de plataformas ceremoniales.
Un lugar que aporta un poco más de misterio al ya de por sí misterioso entorno, y que la igual que otras muchas construcciones de la antigüedad, posee esa evocadora perfección en el corte de sus pesadas piedras, haciéndote imaginar todo tipo de teorías, todo tipo de escenarios de trabajo y también haciéndote ver que de nuevo has olvidado un folio para hacer la típica prueba egipcia de que la unión entre las piedras es tan perfecta que no cabe ni una lámina de papel.

Vaihú

Tragado por la tierra

Mientras las olas del océano rompen agresivamente cerca de Vinapu, los moai que yacen esparcidos por los alrededores muestran evidentes símbolos de erosión, con sus facciones ya casi perdidas, víctimas del incesante viento que constantemente arrasa la zona. El caso más grave sea quizás el de la también sorprendente figura de un moai con rasgos corporales femeninos, de los pocos que hay en la isla, y que presenta un estado de conservación que invita demasiado a la imaginación para ser apreciado.
Por suerte, en el Museo Sebastián Englert puede verse una figura similar con mejor aspecto.
Plataformas ceremoniales construidas para levantar gigantes de piedra en ellas, figuras de pronunciados perfiles e incipientes barrigas, de finos brazos y largos dedos, que aunque yacen caídos y con sus cuencas orbitales vacías, parecen seguir mirando de reojo la lejanía que una vez protegieron con su mirada de coral y roca.

Derrumbado

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