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Archivos Mensuales: diciembre 2011

“Drive” es un film singular, posiblemente sea una de las películas de acción más pausadas e intimistas de los últimos tiempos, si es que su narrativa puede considerarse acción y su mensaje medianamente filosófico puede considerarse intimista. El film del director Nicolas Winding Refn, navega entre el homenaje y el cine negro más psicodélico para crear una historia que arranca de forma magistral y que completa su, en ocasiones, predecible guión a base de metáforas visuales que recrean de forma fantástica una especie de submundo en el que el clímax que genera las imágenes, los contenidos actores y la banda sonora, lo son todo para formar una historia que rinde un pequeño tributo al cine de los 80, personajes solitarios que en su vendetta alcanzan cotas de inmortalidad memorables.
“Drive” es la historia de un especialista, de un increíble piloto que con su chaqueta con un escorpión bordado, pasea su experiencia en el mundo del cine, prestando su valorada pericia al volante en las secuencias más peligrosas y espectaculares de un film. Pero durante la noche su frialdad al volante se convierte en el alma de un estricto código que le mantiene unido al mundo más underground de la ciudad, realizando pequeñas misiones para ladrones eventuales y mafiosos consumados.
Shannon, su mentor, (increíble Bryan Cranston, soberbio actor al que veo prácticamente todas las semanas tras la piel de Walter White en la serie “Breaking Bad” y que me hizo olvidar completamente su ya célebre papel en la televisión en pocos segundos, simplemente magnífico) le propone llegar a un trato con Bernie Rose, un acaudalado inversor de dudosa reputación que apostará por él para una carrera que será sin duda, la más importante de su vida.

AUTOMOVILÍSTICOS SPOILERS A CONTINUACIÓN…

Tras un arranque como dije simplemente soberbio, aderezado con unos adictivos créditos iniciales orquestados por la música de Kavinsky, (momento que me hizo recordar un poco a las delirantes y fantásticas emisoras del videojuego Grand Theft Auto IV, ritmos electrónicos a golpe de volante) el film se toma su tiempo en girar alrededor de Ryan Gosling, prometedor actor que realiza para mi un gran trabajo tras la piel de ese samurái con guantes de cuero. Un personaje de miradas catatónicas, sonrisas espontáneas y silencios metafóricamente profundos. Su búsqueda le llevará a conocer el que tal vez sea el propósito de su vida, amar a la persona más cotidiana de su entorno.
La relación entre el conductor e Irene (sensacional también Carey Mulligan), aunque no deja de ser predecible, contiene algunos muy buenos matices que le dan un aire especial, como la relación que establece su hijo con el stuntman y a su vez con su padre, formando los tres adultos el triángulo amoroso más “buen rollesco” del cine reciente.
Cuando el aparente empaque filosófico del director falla, su estilo visual y la banda sonora de Cliff Martínez (buen compositor que hizo un espléndido trabajo en la “Solaris” de Steven Soderbergh) hacen el resto, dejando quizás demasiado de lado a quien no establezca cierta química entre lo que Nicolas Winding Refn propone y lo que se ve realmente en pantalla.
“Driver” es más una película visual que narrativa y su parsimoniosa acción sólo rota en su tramo final, deja buenos momentos de metafórico cine, como en ese instante en el que Irene le dice al conductor (su nombre creo que nunca se dice durante el film) que su marido saldrá de la cárcel próximamente y la hasta el momento luminosa secuencia bajo los neones de la ciudad se convierte en un frenazo en seco frente a un semáforo que tiñe la acción de rojo.

Desaprovechada aunque fascinante Christina Hendricks...

En sus últimos minutos, la película toma aire y lo suelta con sangre, con violentas secuencias que hacen recordar algunas películas sobre venganzas más o menos recientes como “Old Boy” e “Irreversible”, sobre todo por ser totalmente explícitas y aunque muchos piensen lo contrario, necesarias para ver la evolución protectora de alquien que haría cualquier cosa por la persona que tiene a su lado.
Para mi hay dos secuencias que son el film en su totalidad, la primera de ellas el único momento en el que el conductor tapa su rostro con una máscara del set de rodaje donde trabaja y que corta por completo el descaro y total control con el que afrontaba hasta ese momento todas las situaciones, porque para ser aún más peligroso y eficaz no hay nada como no ser reconocido. Un instante en el que el samurái parece que se convierte en ninja.
Y la segunda, el momento en el que conductor alcanza su máxima felicidad cuando en un alarde de decisión dentro de su ordenada y pulcra vida, decide pasar un buen rato a Irene y a su hijo, una fantástica secuencia a ritmo de “A real hero” de Electric Youth, un tema que se repite al final del film, pero con un prisma totalmente diferente, con “The Driver” nuevamente conduciendo, pero esta vez solo, herido, pero no sólo por la puñalada recibida, herido de amor, recordando posiblemente la felicidad que consiguió alcanzar y que a su vez tantos problemas causó. El camino solitario de una despiadada buena persona, capaz de matar sin pestañear, pero también de sentir lo que otros sólo pueden imaginar que sienten. Un samurái sin espada, que deja lo que era el motivo de su vida tirado en la carretera junto a la persona que le quitó todo.
A destacar también el alternado montaje del último diálogo entre Albert Brooks y Ryan Gosling, me pareció magnífica la violenta unión que surge entre sus gestos de aprobación y mentiras.

Gran película, no tan buena para mi gusto como para arrasar por encima de otras obras recientes, pero sí lo suficientemente seria como para mantenerse en la retina mucho tiempo y ser un film destacable de este 2011 tan nuevamente irregular en lo cinematográficamente hablando.
“Drive” forma parte de ese extraño grupo de películas que no debería gustar a casi nadie y que sorprendentemente gustan y mucho, un arma de doble filo que marcará su paso en la historia del cine.

¿Una película muda de estreno en el siglo XXI?, sí, “The Artist” lo es. El film de Michel Hazanavicius, para mi completo desconocido al que habrá que seguir seriamente, me parecía ser en un principio el típico producto manufacturado por y para los premios, cosa que ninguna duda obtendrá y merecerá, pero posee un halo especial que le desmarca de este subgénero que emerge siempre en la antesala de los grandes eventos cinematográficos… posee aroma a cine clásico.
La película narra la historia de un famoso actor de cine que ve como su silencioso imperio empieza a desquebrajarse con la llegada del cine sonoro a la sociedad, una historia sencilla pero plagada de referencias a los primeros años de la meca del cine, con todo el encanto y nostalgia que sus imágenes en blanco y negro pueden aportar a un mundo tan ruidoso y psicodélico como el de hoy.

SILENCIOSOS SPOILERS A CONTINUACIÓN…

Con una base de actores conocidos y dos protagonistas prácticamente inéditos para la gran mayoría, “The Artist” va más allá del homenaje para contar una historia sobre la evolución de la propia vida y lo injusta que es la sociedad, que a veces cambia cosas maravillosas por otras aún mejores, pero dando un salto en ocasiones tan marcado que deja por el camino y en el más absoluto de los olvidos la chispa que hizo que surgiera el fuego. Hablar de la fotografía, la música, el formato de la proyección, la ambientación y todo lo demás es resumible en una sola palabra, perfecto.

La experiencia de ver “The Artist” también engrandece un poco más la película, más allá de leer textos bajo fondos negros y de sentir perfectamente la mayoría de los diálogos aunque sólo se aprecien gestos y miradas, el film genera un clímax en la sala ciertamente entrañable, con silenciosas risas en el más absoluto de los silencios, el ruido del proyector quebrado por la alegre música, el sonido de las lágrimas en la oscuridad del cine… por un momento sientes que tu mujer te está esperando en casa con un buen asado y una tarta de manzana y que tu Ford está aparcado a pocas calles del cine. Una experiencia que depende mucho también de la suerte que tengas en la sala por supuesto.
Jean Dujardin y Bérénice Bejo están simplemente soberbios, dos rostros marcadamente clásicos y con una magnífica presencia en pantalla que hacen de cada escena un pequeño momento a recordar, especialmente el primero, en esa surrealista y magníficamente orquestada pesadilla en la que el sonido hace una de sus pocas apariciones en el film. La historia de George Valentin y Peppy Miller convence y emociona, es predecible, pero uno no desea otra cosa que eso, el drama ya aparece en muchos momentos del film encubierto entre directivos, prensa y la evolución de la propia industria.
También merece un capítulo aparte el perro de Valentin, diversión y lealtad a partes iguales, porque los verdaderos amigos jamás te abandonan.
“The Artist” es una gran película, casi me gustaría que se quedara en algo semidesconocido, que no alcanzara un nivel demasiado extremo, por supuesto dudosamente marcará una nueva era de cine mudo, pero la película es una fantástica demostración de que las cosas más olvidadas por la mayoría son al final las más añoradas, aunque sólo sea por unos pocos, al fin y al cabo, los importantes.

Claqueta… ¡Acción!

“Armstrong: eres un… gilipollas.

-Vaya, vaya- asiento-.Bien, bien…-Corbatas de tela escocesa, trajes a cuadros, mi clase de aerobic, devolver las cintas al videoclub, especias que debo comprar en Zabar’s, mendigos, trufas de chocolate blanco… El perfume mareante de Drakkar Noir, que es el que lleva Christopher, me llega hasta cerca de la cara y se mezcla con el olor de la mermelada y el cilandro, las cebollas y los chiles-. Vaya, vaya- repito.

Fugazmente se me ocurre que podría sacar mi cuchillo, cortarme una de las muñecas, apuntar la vena cortada en dirección a la cabeza de Armstrong o, mejor aún, a su traje, preguntándome si seguiría hablando. Considero la posibilidad de largarme sin pedir disculpas y tomar un taxi, ir a otro restaurante, a un sitio del Soho, o puede que todavía más lejos, tomar una copa, usar los servicios, puede que incluso llamar por teléfono a Evelyn, volver al DuPlex, y todas las moléculas que constituyen mi cuerpo me dicen que Armstrong seguiría hablando no sólo de sus vacaciones sino de lo que parecen ser las vacaciones de todo el mundo en las jodidas Bahamas. En un determinado momento de la conversación, el camarero retira los primeros platos a medio terminar, trae otras Coronas, pollo con vinagre de frambuesa y guacamole, hígado de ternera con huevas de sabalo y puerros, y aunque no estoy seguro de que haya pedido esto, la verdad es que no importa, pues los dos platos parecen exactamente el mismo. Termino con el pollo con salsa de tomatillo, creo.

-Los que visitan el Caribe no necesitan pasaporte, sólo un documento que los acredite como ciudadanos norteamericanos, y mejor aún, Taylor, el idioma no es una barrera. En todas partes hablan inglés, incluso en aquellas islas donde el idioma local es el francés o el español. La mayoría de las islas fueron anteriormente británicas…

-Mi vida es un infierno-digo para mis adentros, mientras muevo distraídamente los puerros por el plato que, dicho sea de paso, es un triángulo de porcelana-. Y hay muchas personas a las que, bueno, me apetece…, me apetece, bueno, creo que matar- digo, recalcando la última palabra y mirando a Armstrong directamente a la cara.

-El servicio ha mejorado considerablemente en las islas y tanto American Airlines com Eastern Airlines cuentan con enlaces en San Juan que conectan con vuelos a la islas que no tienen vuelos directos. Con el servicio adicional de BWIA, Pan Am, ALM, Air Jamaica, Bahamas Air y Canyman Airways es fácil llegar a la mayoría de las islas. Hay enlaces adicionales de LIAT y BMIA, que cuentan con una serie de vuelos de isla en isla…

Alguien que creo que es Charles Fletcher se acerca mientras Armstrong sigue hablando y me da un golpecito en el hombro y dice:

-¿Qué tal Simpson? – Y-: Nos veremos en Fluties.

Luego, en la puerta, se reúne con una mujer muy atractiva – grandes tetas, rubia, vestido ajustado, que no es su secretaria ni su mujer – y se marchan de DuPlex juntos en una limusina negra. Armstrong sigue comiendo, cortando en cuadrados perfectamente regulares los filetes de hígado de ternera, y sigue hablando mientras cada vez me pongo más triste.

-Quienes no puedan tomarse una semana entera de vacaciones encontrarán que el Caribe es el lugar ideal para pasar un fin de semana. Eastern Airlines ha creado su Club Fin de Semana que incluye muchos puntos de destino en el Caribe y permite a sus miembros visitar muchos lugares a precios drásticamente reducidos, lo cual sé que no importa mucho, pero impulsará a la gente a ir.”

De entre todos los animales que pueblan Rapa Nui, quizás los que dan un toque más evocador y tranquilo a cada rincón de la isla sean los caballos. Más allá de la principal población del lugar, los animales salvajes son los verdaderos habitantes de este minúsculo territorio, tan pequeño en tamaño como grande en fascinación arqueológica. Los bucólicos paisajes de la isla tomaban más significado cuando alguno de sus caballos se presentaban en la toma y su siempre inesperada compañía, aportaba algo más de tranquilidad a la inquietante soledad que siempre flotaba en el ambiente.
Un pequeño homenaje a estos majestuosos animales, que recorren con total libertad un territorio con gran tradición ecuestre y en el que recorrer algunos de sus parajes a caballo debe ser de lo más espectacular y recomendable (otra vez será)

Caballos

En el prado

Caballo al Sol

Terreno equino

Pequeño

Blanco

Caballito protegido

Pequeño caballo

Caballo único

El rey de la pradera

En la carretera

Tranquilidad