Drive

“Drive” es un film singular, posiblemente sea una de las películas de acción más pausadas e intimistas de los últimos tiempos, si es que su narrativa puede considerarse acción y su mensaje medianamente filosófico puede considerarse intimista. El film del director Nicolas Winding Refn, navega entre el homenaje y el cine negro más psicodélico para crear una historia que arranca de forma magistral y que completa su, en ocasiones, predecible guión a base de metáforas visuales que recrean de forma fantástica una especie de submundo en el que el clímax que genera las imágenes, los contenidos actores y la banda sonora, lo son todo para formar una historia que rinde un pequeño tributo al cine de los 80, personajes solitarios que en su vendetta alcanzan cotas de inmortalidad memorables.
“Drive” es la historia de un especialista, de un increíble piloto que con su chaqueta con un escorpión bordado, pasea su experiencia en el mundo del cine, prestando su valorada pericia al volante en las secuencias más peligrosas y espectaculares de un film. Pero durante la noche su frialdad al volante se convierte en el alma de un estricto código que le mantiene unido al mundo más underground de la ciudad, realizando pequeñas misiones para ladrones eventuales y mafiosos consumados.
Shannon, su mentor, (increíble Bryan Cranston, soberbio actor al que veo prácticamente todas las semanas tras la piel de Walter White en la serie “Breaking Bad” y que me hizo olvidar completamente su ya célebre papel en la televisión en pocos segundos, simplemente magnífico) le propone llegar a un trato con Bernie Rose, un acaudalado inversor de dudosa reputación que apostará por él para una carrera que será sin duda, la más importante de su vida.

AUTOMOVILÍSTICOS SPOILERS A CONTINUACIÓN…

Tras un arranque como dije simplemente soberbio, aderezado con unos adictivos créditos iniciales orquestados por la música de Kavinsky, (momento que me hizo recordar un poco a las delirantes y fantásticas emisoras del videojuego Grand Theft Auto IV, ritmos electrónicos a golpe de volante) el film se toma su tiempo en girar alrededor de Ryan Gosling, prometedor actor que realiza para mi un gran trabajo tras la piel de ese samurái con guantes de cuero. Un personaje de miradas catatónicas, sonrisas espontáneas y silencios metafóricamente profundos. Su búsqueda le llevará a conocer el que tal vez sea el propósito de su vida, amar a la persona más cotidiana de su entorno.
La relación entre el conductor e Irene (sensacional también Carey Mulligan), aunque no deja de ser predecible, contiene algunos muy buenos matices que le dan un aire especial, como la relación que establece su hijo con el stuntman y a su vez con su padre, formando los tres adultos el triángulo amoroso más “buen rollesco” del cine reciente.
Cuando el aparente empaque filosófico del director falla, su estilo visual y la banda sonora de Cliff Martínez (buen compositor que hizo un espléndido trabajo en la “Solaris” de Steven Soderbergh) hacen el resto, dejando quizás demasiado de lado a quien no establezca cierta química entre lo que Nicolas Winding Refn propone y lo que se ve realmente en pantalla.
“Driver” es más una película visual que narrativa y su parsimoniosa acción sólo rota en su tramo final, deja buenos momentos de metafórico cine, como en ese instante en el que Irene le dice al conductor (su nombre creo que nunca se dice durante el film) que su marido saldrá de la cárcel próximamente y la hasta el momento luminosa secuencia bajo los neones de la ciudad se convierte en un frenazo en seco frente a un semáforo que tiñe la acción de rojo.

Desaprovechada aunque fascinante Christina Hendricks...

En sus últimos minutos, la película toma aire y lo suelta con sangre, con violentas secuencias que hacen recordar algunas películas sobre venganzas más o menos recientes como “Old Boy” e “Irreversible”, sobre todo por ser totalmente explícitas y aunque muchos piensen lo contrario, necesarias para ver la evolución protectora de alquien que haría cualquier cosa por la persona que tiene a su lado.
Para mi hay dos secuencias que son el film en su totalidad, la primera de ellas el único momento en el que el conductor tapa su rostro con una máscara del set de rodaje donde trabaja y que corta por completo el descaro y total control con el que afrontaba hasta ese momento todas las situaciones, porque para ser aún más peligroso y eficaz no hay nada como no ser reconocido. Un instante en el que el samurái parece que se convierte en ninja.
Y la segunda, el momento en el que conductor alcanza su máxima felicidad cuando en un alarde de decisión dentro de su ordenada y pulcra vida, decide pasar un buen rato a Irene y a su hijo, una fantástica secuencia a ritmo de “A real hero” de Electric Youth, un tema que se repite al final del film, pero con un prisma totalmente diferente, con “The Driver” nuevamente conduciendo, pero esta vez solo, herido, pero no sólo por la puñalada recibida, herido de amor, recordando posiblemente la felicidad que consiguió alcanzar y que a su vez tantos problemas causó. El camino solitario de una despiadada buena persona, capaz de matar sin pestañear, pero también de sentir lo que otros sólo pueden imaginar que sienten. Un samurái sin espada, que deja lo que era el motivo de su vida tirado en la carretera junto a la persona que le quitó todo.
A destacar también el alternado montaje del último diálogo entre Albert Brooks y Ryan Gosling, me pareció magnífica la violenta unión que surge entre sus gestos de aprobación y mentiras.

Gran película, no tan buena para mi gusto como para arrasar por encima de otras obras recientes, pero sí lo suficientemente seria como para mantenerse en la retina mucho tiempo y ser un film destacable de este 2011 tan nuevamente irregular en lo cinematográficamente hablando.
“Drive” forma parte de ese extraño grupo de películas que no debería gustar a casi nadie y que sorprendentemente gustan y mucho, un arma de doble filo que marcará su paso en la historia del cine.

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2 comentarios
  1. Mi único pero a “Drive”: el buen rollo del triángulo amoroso. Venga por favoooor, no me lo creo.
    El personaje de Gosling me gustó tanto que quiero que sea mi novio.

  2. Jajajaja, a mi me pareció curioso, hasta cierto punto delirante, saliéndose un poco de la típica reacción asesina del cornudo marido al ver que su adorable mujer se la ha pegado cuando él no estaba.
    Gosling está genial, la verdad que nunca le había visto tan prometedor como se hablaba, pero lo cierto es que su contenida interpretación es lo mejor de la película y su principal base.

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