Singapur

El nombre de Singapur evoca nostalgia, siempre había asociado esta ciudad al cine de Wong Kar Wai, por sus constantes referencias en “In the mood for love”, pero la Singapur que nombra Chow en el film es muy diferente a la urbe de hoy en día, su pasado colonial se puede resumir en un pequeño distrito al borde del río, pero su canalización para despertar admiración posiblemente sí tenga mucho que ver con el aparentemente borroso recuerdo del film del genial director chino.
Singapur sin más preámbulos se puede describir como espectacular, o más bien como ESPECTACULAR. Desconozco como será Nueva York o Tokyo, pero el abrazo tecnológico y urbanístico de Singapur al futuro se puede decir que sobrecoge y emociona.

Singapur

La ciudad da la sensación de ser un enclave europeo optimizado por el talento oriental, con una diversidad cultural nuevamente de álbum de cromos pero con una milimétrica organización que hace funcionar todo de manera perfecta, tal vez demasiado perfecta. Descrita de vez en cuando como una urbe ideal de rigurosas normas y cuantiosas multas, Singapur se divide entre un pasado de pecado y un presente en el que nadie se atreve a pecar.
Pero es su progreso e inminente crecimiento lo que conmociona de la ciudad, la sensación que provoca caminar entre templos iluminados por pequeñas velas a encontrarse con rascacielos de proporciones lumínicas alucinantes, es simplemente emocionante.

Singapore lights

El río

El centro de Singapur es accesible y viajar en su metro un curioso contrapunto al alma exterior de la ciudad, ya que a diferencia de otras grandes ciudades el paso por el subterráneo es bastante anodino y lento, formándose un tráfico terrible en las escaleras mecánicas y en los accesos. A diferencia de ciudades como Madrid, donde quedarse quieto en la escalera en el lugar equivocado puede acarrear miradas asesinas y amenazas, en Singapur todo es pausado y alegre.

Metro de Singapur

El distrito colonial y los “quays” son el referente más solicitado a la hora de encontrarse con las imágenes más típicas de la ciudad, con la sencilla pero encantadora figura del Merlion, el león pez, como punto central mirando hacia el río, hacia ese hotel-nave espacial que es el Marina Bay Sands y dejando a sus espaldas una jungla de cristal que al llegar la noche desenvuelve su belleza de acero entre focos, iluminación feroz y espectáculos de luz y sonido proyectados en pantallas de agua.

Theatres on the bay

Sands

Nubes de león

Singapur es una ciudad de ciencia ficción, sólo faltan pequeñas lanzaderas surcar su cielo para encontrarse con una estampa más propia de Los Angeles de “Blade Runner” que de una ciudad que todavía no ha llegado al 2019, aunque con la diferencia de que su aspecto dista mucho de ser apocalíptico.
El susodicho Marina Bay Sands, una prodigiosa edificación que ofrece posiblemente las vistas más bonitas de la ciudad, es el perfecto punto para observar como todo se concentra y expande en la lejanía, creando un terremoto visual que asombra por su perfecta síntesis y ocultando bajo ese manto de luces de anónimas ventanas el verdadero encanto de la ciudad.

Futuro

Marina Bay

La personalidad de este pequeño estado pasa por las sartenes y ollas de su gastronomía, una de las más fascinantes y extremas del mundo, con todo tipo de maravillas de carácter oriental para todo tipo de paladares. Se nota tanto la cultura por la comida que es difícil el momento en el que la ciudad no mueve sus mandíbulas para masticar o sorber algún fideo, y los contundentes puestos callejeros, los restaurantes y pubs adornan cada esquina con olores de especias y fritura.
Desde degustar una cabeza de pescado al curry en Little India hasta comer un cuenco de noodles y gyoza en puestos sedentarios como Lau Pa Sat, la experiencia de pararse a comer convierte este común acto en algo tan ineludible como la visita a cualquier museo, monumento, plaza o edificio.

Curry fish

Singapur es un regalo envuelto de tal forma que deja entrever fácilmente lo que es, pero cuando lo abres la sorpresa es mayúscula al descubrir que no era lo que esperabas, sino algo más.
Muchas cosas quedan en el tintero y las joyas que adornan su núcleo central y sus eclécticos alrededores merecen posts aparte, pues el Merlion, ese gigante boquiabierto que preside cada lugar de la retina del visitante, tiene mucho que hablar de su magnífica ciudad.

Río láser

Vista nocturna

Dragones y tejados

León pez

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