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Cómics

“Arde, arde araña, en la jungla de la noche…”

Una de las mejores historias de Spiderman, o al menos una de las más oscuras y fascinantes, es sin duda esta obra de Mike Zeck y J.M. DeMatteis.
Aparecida poco después de obras que cambiaron el devenir del mundo de los cómics para siempre, tales como “Watchmen” de Alan Moore y “El regreso del señor de la noche” de Frank Miller, y lógicamente eclipsada por ellas, esta historia del hombre araña la considero prácticamente como una especie de “Born Again” con Peter Parker de protagonista (salvando las distancias por supuesto), una sensación que me ha provocado la no muy lejana lectura del anhelado cómic de Miller y Mazzucchelli, que me costó años y años conseguir.
Por supuesto la espera mereció la pena.

“Soy Kraven la bestia.
Mi mente es rabia y gloria.
Mi corazón es fuego y orgullo.
Mi cuerpo es gracia y poder.
Soy Kravinoff el hombre”

Una historia impresionante, plagada de referencias a la muerte, tanto de forma metafórica como real, y en la que los logros del héroe son suplantados por la forma más cruel que existe en vida, provocando la muerte con el más profundo de los olvidos. Spidey cede prácticamente todo el protagonismo a Kraven en la que es la redención máxima de un enemigo mil veces derrotado y que encuentra en su agonía y en su dolor la mejor forma de combatir al hombre araña.
Los villanos también poseen alma, y quizá en su cruzada por sembrar el caos sólo piden ser también admirados por sus antagonistas.

“Soy Peter Parker.
Es lo único que he sido, lo único que seré.
Y voy a ser libre. No puedes detenerme.
No puedes mantenerme aquí.
Has asesinado a una máscara,
pero no has asesinado a un hombre…”

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“¿Que no tengo poder? Quizás digas la verdad…
Pero…
¿Que el Sueño no tiene poder aquí?
Dime Lucifer… Preguntaos, todos…
¿Qué poder tendría el Infierno si los aquí encerrados no soñasen con el Cielo?”

“Demonio: Muy bien. Yo muevo primero… Soy un lobo solitario, merodeador, asesino.
Sueño: Soy un cazador, a caballo, caza lobos.
Demonio: Soy un tábano, enemigo de caballos y cazadores.
Sueño: Soy una araña de ocho patas, comemoscas.
Demonio: Soy una serpiente, devora arañas, venenosa.
Sueño: Soy un buey, pesado, aplasta serpientes.
Demonio: Soy un antrax, bacteria destruye vidas.
Sueño: Soy un mundo en el espacio, dador de vida.
Demonio: Soy una nova que explota… quemando mundos.
Sueño: Soy el Universo… abarco las cosas, abrazo la vida.
Demonio: Soy la antivida, la bestia del juicio. Soy la oscuridad al fin de todo. Fin de universos, dioses, mundos… de todo.
¿Y qué serás tú, soñador?
Sueño: La esperanza”

Conozco un chiste…

Un hombre va al doctor, dice que está deprimido, dice que la vida le parece cruel.

Dice que se siente solo en un mundo amenazador en el que todo es vago e incierto…

El doctor dice:

“El tratamiento es simple. El gran payaso Pagliacci está en la ciudad. Esta noche, vaya a verle. Eso le animará.”

El hombre estalla en lágrimas, y dice:

“Pero doctor… yo soy Pagliacci”

Buen chiste.

Todos ríen.

Redoble de tambores.

Cortinas.

“La broma asesina”, una de las obras más importantes de Alan Moore y posiblemente el relato definitivo entre esas dos caras de la misma moneda, Batman y Joker.
Una obra prodigiosa que nos narra el origen más posible del Joker y su descenso a la locura y su relación con Batman, que deja algunas de los momentos más recordadas del hombre murciélago.
Además, la historia da una vuelta de tuerca más a la mitología de Batman, con un enemigo terrorífico que no tiene miedo a nada y que desencadena hechos que marcarán la vida de Bruce Wayne para siempre.
Joker necesita la existencia de su total alter ego para existir, una locura alimentada de más locura, un bucle sin fin que sólo terminará cuando uno de los dos deje de respirar. Esta siempre ha sido la parte más fascinante de estos dos personajes, cada uno tiene metas diferentes pero parten de un trauma inicial que nunca han conseguido superar.

“Un mal día separa la cordura de la locura”, así de fina es la línea que el sonriente payaso se atreve a delimitar, intentando justificar sus acciones ante un Batman que es testigo de que el Joker no siempre ríe.
La tragedia de un personaje que no aguanta el peso de la vida y que sucumbe ante ella emergiendo de la forma más terrible posible, tanto física como mentalmente… en forma de sonriente payaso, total antítesis de lo que el Joker quiere aportar con el tópico de su aspecto, alegría.

Una cortísima historia que deja muchas imágenes para el recuerdo, con un Joker deseando sentirse acompañado en su propia locura torturando de manera terrible a Gordon y con un final que muestra su particular “amistad” con Batman, quizá un futuro Joker en potencia, aunque todavía no lo sepa…

“Hola.
Vengo a hablar.
He estado pensando últimamente, sobre tú y yo.
Sobre lo que va a ocurrirnos al final.
Nos mataremos el uno al otro ¿verdad?
Puede que me mates. Quizás te mate yo, antes o después.
Sólo quería sentir que había intentado hablar las cosas y evitar que ocurran.
Por una vez. ¿Me oyes?
Estoy hablando de la vida y la muerte. Quizás mi muerte… quizás la tuya. No entiendo por qué nuestra relación debe ser tan fatídica.
No quiero tu muerte en mis manos.”