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Egipto

Abu Simbel

Egipto tiene monumentos espectaculares y por encima de todos ellos está Abu Simbel.
Se suele decir que las expectativas al llegar aquí son tan altas que a muchos les decepciona, pero a mi no sólo no me decepcionó sino que simplemente superó todo lo superable.
Que a día de hoy Abu Simbel esté en tierra firme ya es toda una maravilla, bien se sabe que hace años el Nilo amenazó con hundir estos dos templos y que una monumental obra de ingeniería los recortó pieza a pieza para ubicarlos en un lugar en el que estuvieran a salvo de la inevitable crecida del río.
El resultado es sobrecogedor, la grandiosidad de los faraones se encuentra aquí, en su fachada y en su interior.
Con una entrada compuesta principalmente de 4 faraones sedentes mirando impasibles el infinito, el templo de Ramsés II es quizá el más conocido del lugar, dejando en un segundo plano al templo de Nefertari, igualmente impresionante pero mucho más delicado.
Pero lo mejor de este templo está en el interior, la sala hipóstila de pilares osíriacos enmarca sádicos jeroglíficos y al final, un santuario en donde Ptah, Amón-Ra, Ramsés II y Ra-Horajti esperan dos veces al año la entrada de la luz del Sol para que ilumine a tres de ellos, quedando Ptah fuera del honor por ser el dios de la oscuridad.
Permanecer dentro del templo es una experiencia memorable y más si consigues quedarte solo. Transmite auténtico recogimiento, convirtiéndose en uno de esos lugares que tienen vida propia y que emanan algo especial, muy especial.

Sombras en Abu Simbel