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Holanda

El medio de transporte natural de Amsterdam, las siempre fotogénicas bicicletas, que están literalmente por todos sitios y que se convierten en el mayor enemigo del tranquilo transeúnte.
Uno de los mayores encantos de esta magnífica ciudad.

Rápido

Ciclista al Sol

Luz en la acera

Sillines

Sonrisa

De lado

Desde un portal

En la farola

Paraguas negro

Paseo feliz

Movida

A pocos kilómetros de Amsterdam se encuentra este encantador pueblo anclado en el tiempo, enmarcado en un precioso y verde paisaje coronado por los olores de la fábrica de chocolate que se encuentra cerca.
Un lugar ideal para pasar una mañana tranquila entre molinos, cabras y quesos holandeses.

Verde molino

Cabras

Gato de molinos

Madera

Zaanstad

Casita

En moto

Europa es lo que tiene, en el mundo hay muchos destinos atractivos, pero la historia que tiene cada esquina del viejo continente rebosa cuentos y leyendas.
Amsterdam es una especie de museo flotante, una Venecia medieval menos caótica y más visceral, en donde la libertad que se respira te hace pasearla con mucha tranquilidad, sea la hora que sea.

La noche
Lo que más me gustó de esta ciudad fue la variedad, posee mucho de todo, es tremendamente caótica y pequeña, y salvo a primeras horas de la mañana lo más normal es recorrer sus calles dando pequeños pasos, esquivando tranvías, bicicletas, coches, motos, perros y gatos.
Pero su trazado más o menos lineal hace que atravesando las aceras te encuentres con lugares de maravillosa paz, con terrazas al Sol llenas de cerveza caliente y de tartas de manzana con espumosa nata.

Appel
Caminar Amsterdam es toda una experiencia ya de por sí inolvidable, sus calles rebosan bizarrismo y arte oculto entre escaparates rojos, y además esconden todo tipo de museos y curiosidades, desde arte fluorescente a joyas de la Edad Dorada pasando por barcos flotantes listos para visitar, iglesias clandestinas incrustadas en el interior de edificios y un legado de la II Guerra Mundial turbador y siempre impactante.

Ático
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