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Jordania

Casi a 500 metros por debajo del nivel del mar, el Mar Muerto es todo un clásico, un lugar que nuestra mente, en algún momento, siempre ha imaginado de una manera u otra. Pero la realidad es que cualquier tipo de expectación del lugar lo más probable es que se quede corta, porque su peculiar textura y las sensaciones que produce estar en él, superan de largo nuestra imaginación.
Se flota sí… y mucho, la ingravidez es más que notoria cuando te ves a ti mismo haciendo todo tipo de posturas que en otro sitio provocarían inmediatamente nuestro ahogo y sin posibilidad de reanimación.
Un lugar árido, rodeado de orillas de piedra y de salinidad por todas partes, con auténticas costras de sal recubriendo prácticamente todo y con la espectacular vista de Israel o Jordania, según en el lado en el que estés.

Mar Muerto

Cae el Sol

Sal en la orilla

Un lugar único en el mundo, toda una experiencia que todavía a pesar de su indudable popularidad, se puede disfrutar con mucha tranquilidad, con la única compañía del agua casi negra de la profundidad y con los atardeceres impresionantes que se esconden tras las montañas entre las que se ubica.
Y encima te deja la piel como un bebé.

Tira de la cuerda

Hasta mañana

Lodo

Jerash es algo así como la Pompeya de Oriente Próximo, una ciudad romana espléndidamente conservada y que deja volar la imaginación fácilmente.
Sus magníficas columnas, especialmente en el Templo de Artemisa, arcos, su espectacular teatro, con la acostumbrada y perfecta acústica de este tipo de recintos y su plaza ovalada, forman un legado majestuoso enclavado entre la colmena de casas del pueblo de Jerash, muy cercanas a una de las ciudades de la Decalópolis romana.
Actualmente los auténticos dueños de Jerash son los gatos, que están en cada piedra del lugar dando al paseo un aire de abandono muy interesante.

Templo de Artemisa, Jerash

Gato nabateo

Plaza ovalada

Teatro romano

Nubes, nubes, nubes...

Shadows

Manto

Suelo de siglos

La ciudad antigua

Ventana

Restos

El Siq, el apasionante camino que conduce a Petra es un recorrido que parece ideado por Hitchcock por el suspense que produce no saber en que próximo giro aparecerá la ciudad de piedra.
Su zigzagueante trazado sorprende al comienzo, en sus pequeños detalles ya casi completamente erosionados por el tiempo y sobre todo en su final, un telón de piedra y de arena que da entrada a uno de los mejores espectáculos del mundo.

El guía del Siq
Petra no es sólo su imponente y conocida fachada inicial, es una enorme ciudad cincelada casi por completo por los nabateos en la rosada roca de Wadi Musa.
El pueblo nabateo era el principal valedor de la conocida ruta de la seda, que conectaba a China, la India, el sur de Arabia, Egipto, Grecia y Roma.
Recorriendo el angosto sendero no es difícil imaginar la historia que fluye por sus colores erosionados, y sólo uno se da cuenta de la grandeza del recinto cuando consigue abandonar, muy a su pesar, el pequeño espacio en el que se encuentra Al-Khazneh, para empezar a descubrir un imperio con avenidas romanas, teatros escalonados en la piedra, altares de sacrificios y lejos, muy lejos otro imponente lugar aún más grande que el Tesoro, el Monasterio Ad-Deir.

Desfiladero Siq
Colores de Petra
Tumbas reales
Monasterio

El gran enemigo de este maravilloso lugar es la multitud que lo acosa día tras día, haciendo de Petra una especie de parque temático de 2000 años de antigüedad.
Pero como en todos los sitios hay lugares, o más bien rincones, con un clímax de aislamiento especial, que hacen que el ruido se convierta en un leve murmullo…
Nada como sentirse ligeramente solo para disfrutar del destino, es exactamente ahí cuando te das cuenta de dónde estás, de cómo has llegado y de cómo recordarás ese momento para siempre.
“¡Seguidme, conozco el camino!”