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Uno de los lugares más evocadores y caóticos de Berlín es la Kaiser-Wilhelm-Gedätchtniskirche, una iglesia neorrománica que se levanta tal y como quedó tras los bombardeos aliados en 1943. El resultado es un ruinoso edificio de gran impacto, nunca mejor dicho, que es un perfecto testigo de cómo quedó la ciudad tras finalizar la II Guerra Mundial. A su lado, se añadió recientemente una especie de campanario y sala octogonal de cristales azules de estilo mucho más moderno y que contrasta de forma bastante curiosa el emplazamiento de la iglesia, que se encuentra en uno de los lugares más impersonales de la ciudad pero que gracias a este particular monumento es uno de los de más obligada visita. Llegar hasta aquí en S-Bahn y ver desde tu tren al salir a la superficie la torre semidestruida entre un caos de personas, grúas, edificios y obras, es una fantástica experiencia.

Roto y nuevo

Capilla Kaiser

Azul

Cruzados

La East Side Gallery es el tramo mejor conservado del tristemente célebre muro de Berlín, que a día de hoy se ha convertido en una larguísima galería de arte al aire libre en donde admirar todo tipo de obras, algunas bastante conocidas dentro de la cultura pop y otras que sorprenden por su surrealismo.
El muro que dividió la ciudad hace años es uno de los testimonios más notorios de la Guerra Fría y los pocos vestigios que quedaron tras su caída fueron hábilmente aprovechados para crear este magnífico paseo de más de un kilómetro. Su colorido aspecto no deja de ser toda una antítesis de lo que fue en su día, totalmente rodeado de alambradas y puestos de vigilancia, pero aún así no es difícil imaginar el horror que provocó y pese a su sobriedad, posee un gran impacto, sobre todo en los tramos más abandonados y deteriorados, que consiguen transmitir cierta frialdad a la afable capital alemana.
Se puede decir que en la actualidad, afortunadamente, Berlín es totalmente lo contrario a lo que ese muro y otros obstáculos representaron, siendo una ciudad totalmente evocadora, con una variedad y estilo de vida que hacen que recorrerla sea un auténtico placer.
Puede haber ciudades más bonitas en Europa, más impresionantes por su elaborada arquitectura o por la notoriedad de sus monumentos más emblemáticos, pero la aparente sobriedad berlinesa resulta ser más espectacular que otras grandes ciudades, sobre todo por la inmensa oferta cultural que ofrece sus calles ya libres de muros o cualquier tipo de prejuicios y las joyas que oculta en sus monumentos más emblemáticos, que se han mantenido en pie soportando guerras, conquistas, reconstrucciones y el inevitable paso del tiempo y la destructiva huella del ser humano.
Este pedazo de muro que queda en pie no sólo sirve para recordar, mientras lo recorres la historia inevitablemente va narrándote su paso por Alemania, y la opresión que sufrió queda totalmente despejada con sólo girar el cuello hacia un lado y ver como la ciudad se ha recuperado, como vuelve a latir y como deja sin esfuerzo un imborrable recuerdo en el sorprendido visitante.
Un testimonio triste que parece que se mantiene en pie para recordar que no debe volver a repetirse.

Test

¿Dalí?

Pasando

El beso

Caras

Parte del muro

Gorbachov

Mauer

Against the wall

Lo que queda

Mural

Berlín cuenta con toda una isla dedicada a los museos, cuya joya principal sea posiblemente el Museo del Pérgamo, una delicia para los amantes de la arquitectura y el arte babilónico y de Oriente Medio.
Más que un museo, la mayor parte de las salas son auténticas reconstrucciones monumentales de las piezas exhibidas, con el altar de Pérgamo como buque insignia del complejo, un colosal sepulcro de mármol rodeado de espectaculares frisos muy bien conservados y que deja boquiabierto.
Tras subir y bajar sus escaleras y maravillarse con la cantidad de detalles que posee y quedar más asombrado todavía al ver una maqueta a escala de lo que realmente fue y lo poco que queda, se pasa a una sala que te traslada a la época romana, con otra gigantesca pieza, la Puerta del mercado de Mileto, que ocupa una sala entera y que si no fuera porque el techo te recuerda que estás dentro de un edificio pensarías fácilmente que has viajado atrás en el tiempo.
Pero quizá la parte más maravillosa del museo sea la Puerta de Ishtar, un camino procesional de ladrillos esmaltados de brillantes colores con representaciones de leones y dragones, y que se dice que era la antesala más o menos cercana de los Jardines colgantes de Babilonia, una de las 7 maravillas del mundo antiguo.
Uno de los lugares que más me han impresionado y hasta el momento uno de mis museos de arte antiguo favoritos, por no decir que mi favorito.

Pérgamo

Isthar

Musculatura

Hallazgo

Mileto

Escritura

Brillante

Criatura

León

El Museo Judío de Berlín es uno de los recintos más sorprendentes que he visto, un edificio vivo de arquitectura rompedora y además una increíble metáfora sobre el Holocausto.
Recorrerlo es una experiencia, más allá de las típicas exposiciones de los hitos conseguidos a lo largo de la historia por los judíos, el museo hace de perfecto narrador sobre la tragedia de este pueblo, creando atmósferas opresivas, decadentes y vacías, con una gran riqueza de obras en algunas secciones y otras muchas que desembocan en largos pasillos vacíos sin nada que contar.
Pero quizá lo más impresionante es la arquitectura creada por Daniel Libeskind en la sección más profunda del museo, una zona conocida como “El eje”, formada por unos accidentados desniveles que parecen cicatrices que se entremezclan para llegar a su vez a tres salas o pasillos conocidos como El Jardín del Exilio, la Torre del Holocausto y el Eje de la continuidad.
El primero consigue mediante altas columnas coronadas por olivos y una ligera inclinación del terreno, crear un ambiente mareante y una increíble sensación de pérdida, simbolizando la sensación que tuvo que tener el pueblo al terminar la guerra y los efectos que tendrían sobre ellos la soledad.
La segunda sala es una alta torre con sólo un punto de luz en lo más alto y prácticamente insonorizada en la que te sientes durante unos instantes completamente aislado y con sólo una referencia a la que es imposible llegar.
El tercer elemento del sorprendente “Eje” es el pasillo que conduce a la exposición, con rampas, escaleras, pasillos de caras de metal y leves entradas de luz.

Una obra de arte en sí mismo, el Museo Judío de Berlín es quizá el lugar donde mejor se cuenta una historia que cuanto más detalles da más aterroriza, una enorme cicatriz que siempre quedará ahí y que tuvo un alcance difícilmente imaginable.

Cerca de la puerta de Brandeburgo hay un enorme campo de estelas que bajo tierra esconde un pequeño museo en el que en una de sus salas, una voz femenina va leyendo los nombres de las víctimas del desastre acompañada de una pequeña biografía si la hubiera. Los nombres se van proyectando en los muros una y otra vez sin pausa y se dice que para terminar la lista y volver a empezarla desde el comienzo pasarían más de 6 años…

Rostros

Jardín del exilio

Escritos

Museo

Luz