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Archivo de la etiqueta: Cine

Para empezar, no he leído los libros, pero sí me han hablado ampliamente de ellos, no he visto la trilogía sueca, sólo un poco el comienzo de la primera, que frené porque no me estaba entusiasmando demasiado y la sombra de que Fincher planeaba ponerse a rodar su propia versión era alargada, muy alargada. Por lo que relativamente, afronté el visionado de la nueva película del director de “Zodiac” como algo medianamente original, si bien es imposible no tener cierta influencia pop sobre el personaje de Lisbeth Salander, ya inmortalizado para muchos de manera bastante imponente por la actriz Noomi Rapace.
David Fincher es un director que para mi gusto ha mejorado muchísimo con los años, de empezar con una decepcionante Alien 3 (si bien siempre ha comentado las dificultades que tuvo para rodarla y su versión extendida salva ligeramente el resultado final) a ir evolucionando y adaptando cada vez mejor los guiones a su poderío visual, cosa que por ejemplo en la amada/odiada El club de la lucha, era completamente notorio, con un arranque fantástico que se iba diluyendo entre las filigranas del director, más hábil con la cámara que con las palabras que pueden hacer imborrable una secuencia bien rodada.
A pesar de todo, Fincher ha creado un estilo propio, que llegó a su culminación más estelar con la simplemente sobrecogedora y magistral Zodiac, en la que su estilo y su detallado minimalismo escénico le venía como anillo al dedo a la densa historia sobre el asesino del zodiaco, una película que se merece estar entre las mejores de los últimos años, algo más que una película de culto, una obra maestra revisionable y siempre sorprendente.
Con ese film, Fincher conseguía varias cosas, la primera y más importante, reconciliarse con el espectador que había dudado de él anteriormente y la segunda, y no menos importante, tratar al público de manera inteligente, proporcionando a la platea un film en el que un simple segundo de despiste suponía perderse algo importante de la detallada trama.
Que alguien de la considerada meca del cine esté dispuesto a contarnos una historia teniendo en cuenta nuestra capacidad receptiva es memorable.
David Fincher ya no era ese director de videoclips, había madurado y el no tener apenas reconocimiento académico casi que demuestra aún más su grandeza reciente (lo de “La red social” fue otra de las numerosas decisiones fallidas de la Academia, aunque eso por supuesto es un capítulo aparte y enumerar la cantidad de injusticias cinéfilas que han cometido con el paso de los años es algo que merece un post exclusivo)

Millennium, los hombres que no amaban a las mujeres reúne posiblemente lo mejor y peor del cine de Fincher, vuelve a recoger las bases de Seven, que a su vez sentó las bases de una nueva horda de films sobre serial killers de similar pero siempre inferior factura.
Casi se puede decir que el documentalismo enfermizo que otorga el director a sus últimas películas, a excepción de la para mi decepcionante “El curioso caso de Benjamin Button”, ha creado una especie de nuevo subgénero dentro del género de películas sobre investigaciones, un medio en el que el director parece encontrarse especialmente cómodo y espectacular, alternando frenéticos montajes, enlazando y prolongando reacciones dibujando con su cámara las piezas de un puzzle que poco a poco van encajando para delirio del espectador.
Tal amalgama de registros tiene como gran enemigo el guión, porque naturalmente Millennium no presenta un guión tan brillante como el de Zodiac o La red social, pero la clase del director hace que un film con una trilogía previa algo criticada por seguidores y no seguidores de los libros pueda mostrar cierta rotundidad.
La historia de Lisbeth Salander es una buena película con tintes de gran película, pero vayamos por partes.

Tras unos prodigiosos créditos iniciales a ritmo de una versionada “Inmigrant Song” de Led Zeppelin, y que, parafraseando las palabras de Hugo Sánchez Jiménez, el mejor proyeccionista analógico y digital a este lado del Atlántico, son mejores que la trilogía sueca en su totalidad, el film cuenta con una historia que dada su popularidad ya se sabe casi de memoria, pero que puede provocar cierta sorpresa para todos aquellos que como yo no sepan las conclusiones de la trilogía de Stieg Larsson.
Siempre es interesante el mimo clásico con el que David Fincher da comienzo algunas de sus películas, con impecables títulos iniciales que han creado escuela dentro de unos minutos tan fascinantes como míticos en la historia del cine (Saul Bass, siempre con nosotros)

TATUADOS SPOILERS A CONTINUACIÓN…

Una de las principales diferencias y tal vez la más comparada por la legión de seguidores del libro o la película, es la aportación de Rooney Mara como Lisbeth Salander, un personaje muy jugoso y llamativo, que en este primer film queda bastante bien reflejado y que supone el motor principal de toda la historia y su aportación la que mejores momentos propone. ¿Noomi Rapace o Rooney Mara?, dos llamativos nombres que crearán un debate sobre cuál ha sido la que mejor ha reflejado la personalidad irreverente de la hacker del tatuaje del dragón. Sin ver la trilogía original, y teniendo en cuenta que uno de los motivos por los cuales no terminé su primera entrega fue por la total indiferencia que me provocaba el, en teoría, fascinante personaje de Salander, me quedo totalmente con Rooney Mara, sin desprestigiar ni mucho menos la excelente labor de Rapace, que tal vez tuvo a su alcance un guión menos pulido en su personaje que el de la película de Fincher. Aunque quizá la elección sea más bien puramente física, lo cierto es que Rooney Mara crea un personaje envolvente, que quizá aporta algo más de candidez y por lo tanto, más cercanía al espectador, al que le importa un poco más el destino de una chica de apariencia más frágil que la dureza del personaje de la trilogía sueca.
Una de las cosas que más me llamó negativamente la atención de la original era que Lisbeth era una hacker más bien mediocre, lo cual me parecía totalmente contradictorio a su fama, aquí sin embargo, es una auténtica gozada como la cámara baila con Mara para dar rienda suelta a la infinita paciencia, dedicación y meticulosidad con la que la investigación va uniendo las piezas de un rompecabezas no exento de tópicos pero que también posee ciertos detalles interesantes.

El tópico es el gran enemigo de muchos films recientes, y siempre suelo pensar que no hay mejor manera de combatirlo que aceptarlo, como ese fantástico monólogo de Stellan Skarsgård en el que un perdido Daniel Craig parece estar atrapado por el último villano de la nueva entrega de James Bond y éste le somete a la clásica conversación pre-asesinato, pero dejando en el aire ciertas trivialidades que suavizan la siempre tan revisitada escena.
La presencia precisamente de Daniel Craig quizá sea demasiado rotunda para el personaje que interpreta, pero su carisma saca adelante un papel que a veces da la impresión de que nos muestra a un James Bond de vacaciones en Suecia.

Dentro del reciente cine del director, “Millennium” es su film menos interesante desde un punto de vista cinéfilo, pero es igualmente bueno conceptualmente hablando. Fincher nos regala magníficas secuencias (la violación y posterior venganza de Lisbeth, la presentación de la familia Vanger y sus enfermizos miembros y, sobre todo, toda la investigación flashback-fotográfica sobre el paradero de Harriet Vanger) y todo el film está aderezado por una de las mejores uniones que ha dado el cine en los últimos años, la del director de Denver y el músico Trent Reznor, alma de NIN y su colaborador Atticus Ross, creando nuevamente una banda sonora simplemente fascinante, que proporciona al film un fantástico ambiente que hace que sea totalmente disfrutable para pasar un buen rato frente a la pantalla.
Un buen film para mi ante todo tiene que ser revisionable, y la verdad que Millennium me parece un film totalmente apto para sucesivos visionados, sobre todo por la labor de Rooney Mara, un hipnótico rostro que tal vez dé mucho de que hablar en el futuro y por el buen hacer de un director sobrevalorado en el pasado e infravalorado en el presente.

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“Drive” es un film singular, posiblemente sea una de las películas de acción más pausadas e intimistas de los últimos tiempos, si es que su narrativa puede considerarse acción y su mensaje medianamente filosófico puede considerarse intimista. El film del director Nicolas Winding Refn, navega entre el homenaje y el cine negro más psicodélico para crear una historia que arranca de forma magistral y que completa su, en ocasiones, predecible guión a base de metáforas visuales que recrean de forma fantástica una especie de submundo en el que el clímax que genera las imágenes, los contenidos actores y la banda sonora, lo son todo para formar una historia que rinde un pequeño tributo al cine de los 80, personajes solitarios que en su vendetta alcanzan cotas de inmortalidad memorables.
“Drive” es la historia de un especialista, de un increíble piloto que con su chaqueta con un escorpión bordado, pasea su experiencia en el mundo del cine, prestando su valorada pericia al volante en las secuencias más peligrosas y espectaculares de un film. Pero durante la noche su frialdad al volante se convierte en el alma de un estricto código que le mantiene unido al mundo más underground de la ciudad, realizando pequeñas misiones para ladrones eventuales y mafiosos consumados.
Shannon, su mentor, (increíble Bryan Cranston, soberbio actor al que veo prácticamente todas las semanas tras la piel de Walter White en la serie “Breaking Bad” y que me hizo olvidar completamente su ya célebre papel en la televisión en pocos segundos, simplemente magnífico) le propone llegar a un trato con Bernie Rose, un acaudalado inversor de dudosa reputación que apostará por él para una carrera que será sin duda, la más importante de su vida.

AUTOMOVILÍSTICOS SPOILERS A CONTINUACIÓN…

Tras un arranque como dije simplemente soberbio, aderezado con unos adictivos créditos iniciales orquestados por la música de Kavinsky, (momento que me hizo recordar un poco a las delirantes y fantásticas emisoras del videojuego Grand Theft Auto IV, ritmos electrónicos a golpe de volante) el film se toma su tiempo en girar alrededor de Ryan Gosling, prometedor actor que realiza para mi un gran trabajo tras la piel de ese samurái con guantes de cuero. Un personaje de miradas catatónicas, sonrisas espontáneas y silencios metafóricamente profundos. Su búsqueda le llevará a conocer el que tal vez sea el propósito de su vida, amar a la persona más cotidiana de su entorno.
La relación entre el conductor e Irene (sensacional también Carey Mulligan), aunque no deja de ser predecible, contiene algunos muy buenos matices que le dan un aire especial, como la relación que establece su hijo con el stuntman y a su vez con su padre, formando los tres adultos el triángulo amoroso más “buen rollesco” del cine reciente.
Cuando el aparente empaque filosófico del director falla, su estilo visual y la banda sonora de Cliff Martínez (buen compositor que hizo un espléndido trabajo en la “Solaris” de Steven Soderbergh) hacen el resto, dejando quizás demasiado de lado a quien no establezca cierta química entre lo que Nicolas Winding Refn propone y lo que se ve realmente en pantalla.
“Driver” es más una película visual que narrativa y su parsimoniosa acción sólo rota en su tramo final, deja buenos momentos de metafórico cine, como en ese instante en el que Irene le dice al conductor (su nombre creo que nunca se dice durante el film) que su marido saldrá de la cárcel próximamente y la hasta el momento luminosa secuencia bajo los neones de la ciudad se convierte en un frenazo en seco frente a un semáforo que tiñe la acción de rojo.

Desaprovechada aunque fascinante Christina Hendricks...

En sus últimos minutos, la película toma aire y lo suelta con sangre, con violentas secuencias que hacen recordar algunas películas sobre venganzas más o menos recientes como “Old Boy” e “Irreversible”, sobre todo por ser totalmente explícitas y aunque muchos piensen lo contrario, necesarias para ver la evolución protectora de alquien que haría cualquier cosa por la persona que tiene a su lado.
Para mi hay dos secuencias que son el film en su totalidad, la primera de ellas el único momento en el que el conductor tapa su rostro con una máscara del set de rodaje donde trabaja y que corta por completo el descaro y total control con el que afrontaba hasta ese momento todas las situaciones, porque para ser aún más peligroso y eficaz no hay nada como no ser reconocido. Un instante en el que el samurái parece que se convierte en ninja.
Y la segunda, el momento en el que conductor alcanza su máxima felicidad cuando en un alarde de decisión dentro de su ordenada y pulcra vida, decide pasar un buen rato a Irene y a su hijo, una fantástica secuencia a ritmo de “A real hero” de Electric Youth, un tema que se repite al final del film, pero con un prisma totalmente diferente, con “The Driver” nuevamente conduciendo, pero esta vez solo, herido, pero no sólo por la puñalada recibida, herido de amor, recordando posiblemente la felicidad que consiguió alcanzar y que a su vez tantos problemas causó. El camino solitario de una despiadada buena persona, capaz de matar sin pestañear, pero también de sentir lo que otros sólo pueden imaginar que sienten. Un samurái sin espada, que deja lo que era el motivo de su vida tirado en la carretera junto a la persona que le quitó todo.
A destacar también el alternado montaje del último diálogo entre Albert Brooks y Ryan Gosling, me pareció magnífica la violenta unión que surge entre sus gestos de aprobación y mentiras.

Gran película, no tan buena para mi gusto como para arrasar por encima de otras obras recientes, pero sí lo suficientemente seria como para mantenerse en la retina mucho tiempo y ser un film destacable de este 2011 tan nuevamente irregular en lo cinematográficamente hablando.
“Drive” forma parte de ese extraño grupo de películas que no debería gustar a casi nadie y que sorprendentemente gustan y mucho, un arma de doble filo que marcará su paso en la historia del cine.

Wes Anderson siempre me sorprende gratamente, más allá de ser uno de mis directores favoritos, una de las razones que más me anima para ver sus películas es saber que en cualquier momento del metraje habrá una secuencia maestra en la que imágenes y música se unirán de forma magnífica. El cine de Wes es muy personal, con un aspecto visual siempre unido a la disposición panorámica de los personajes y de un delirante sentido del humor, casi siempre inspirado en unos actores fetiche que suelen sacar lo mejor de sí mismos con Wes.
He aquí, las que son para mi las mejores secuencias-musicales de su filmografía, lamentablemente no están todas (youtube no tiene de todo al fin y al cabo), falta sobre todo escenas de “Viaje a Darjeeling” y “Fantastic Mr. Fox”, pero bueno, un pequeño homenaje a este gran director:





Hablar de Lars von Trier es hablar de uno de los directores más controvertidos de los últimos tiempos. Apodado por él mismo “von” para aburguesar su nombre, el cineasta danés más allá de sus declaraciones ha demostrado con el paso de los años que su talento está a la altura de su mediático carácter.
Posiblemente desde “Dogville”, para mi su obra maestra más absoluta, el director no había hecho un film tan redondo formalmente. “Melancolía”, recoge un tema tan común en el cine actual como puede ser el fin del mundo, para convertirlo en un gigantesco McGuffin en el que el director cuenta lo que realmente le importa, el sufrimiento que posee el ser humano al ser feliz y al no serlo.

MELANCÓLICOS SPOILERS A CONTINUACIÓN…

La película arranca de manera casi pictórica, enlazando visualmente con el estilo de “Anticristo”, con imágenes ralentizadas que sirven a modo de resumen a la historia que veremos a continuación. Y es que “Melancolía”, sobre todo en sus planos iniciales, es una especie de homenaje al mundo de la pintura y la fotografía, con constantes guiños a obras de fotógrafos como Tom Hunter o Jeff Wall y a pintores como Velázquez y Millais.
Todos estos aspectos dotan a la película de un aspecto alienado, creando una historia de muchos personajes que al final se queda en cinco personas que parece que son las únicas supervivientes de una catástrofe que aún no ha ocurrido. El apocalipsis antes del apocalipsis.
Mención especial merece su delirante comienzo, con una surrealista boda llena de cameos memorables, mensajes subliminales (esa suntuosa limusina blanca incapaz de coger una estrecha curva) y del particular sentido del humor del cineasta danés, que con su característica cámara nerviosa nos cuenta la historia de dos hermanas (extraordinarias Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg) que atraviesan una etapa de su vida que representa muy poco lo que simbólicamente debería representar, la felicidad. Una de ellas es frágil y está más cercana a la locura que a la cordura, la otra lleva una vida plena, es consecuente con sus actos y derrocha paciencia en todo lo que rodea a su modélica familia, liderada por la figura poderosa de un marido que no podrá controlar todo lo que va ocurriendo ante sus ojos (nuevamente extraordinario Kiefer Sutherland, una agradable sorpresa su recuperación)
El tono fantasmagórico del comienzo, con una perfecta boda que poco a poco se va desquebrajando sin que casi ninguno de sus participantes pierda del todo la sonrisa, es sólo el comienzo de lo que Lars von Trier pretende mostrar… el sufrimiento, que a diferencia de otros de sus films, que va por naturaleza adherido al ser humano, esta vez permanece juzgado por un planeta llamado Melancolía que en su trayectoria impactará con la Tierra de manera más que probable.
En esos momentos en los que la cámara mira al cielo y se adentra en el espacio, la película recuerda un poco en algunos momentos al “El árbol de la vida” de Terrence Malick, poniendo en evidencia la aparente magnificiencia de nuestro planeta en comparación con el Universo, una batalla que el planeta azul jamás podrá ganar.
Lo mejor de la película para mi es que, en cierto modo, poco importa lo que le sucederá a la Tierra, lo que importa es lo que le sucederá a los personajes, que vagan en la segunda mitad del relato entre la agonía y la esperanza, convirtiendo los últimos minutos de sus vidas en una redención en la que los locos empiezan a ver sentido a su locura y los cuerdos empiezan a perder la fina línea que los separa del vacío.
La inocencia de un niño que piensa que podrá aguantar despierto se une a la hipocresía adulta, que le dice que aguantará aún sabiendo que no lo conseguirá, idealizando la vida de tal forma que su pérdida se convierte en un sufrimiento tan inevitable como innecesario, un momento que llegará tarde o temprano y en el que lo peor es saber que no conoces a las personas que tienes a tu alrededor y que de alguna manera, tanto su felicidad como la tuya, es una construcción de mentiras piadosas que terminan desmoronándose.

¿La locura está inducida por el miedo o es innata?, ¿tiene un sentido incomprendido o en su comprensión se basa su existencia?, preguntas que son contestadas creativamente durante el film, una magnífica obra con huecos filosóficos que uno rellenará con sus propias conclusiones y con momentos visuales portentosos, que pasan de puntillas por más que posibles experiencias familiares propias del realizador.
Gran película, quizá algo contemplativa en algún tramo, ya sabemos como se las gasta von Trier, pero en su conjunto, un impactante cuento apocalíptico cotidiano vivido en el seno de una familia que aúna todas las clases económicas y sociales.
Melancolía y la Tierra, una danza mortal.

Para cerrar la trilogía pellejuda iniciada por la pellejuda Phys. LEV. A y Mental. LEV. A y proseguida por el pellejudo Phys. LEV. A y Mental. LEV. A , me animo a poner también algunos de mis planos secuencia favoritos.
Intentaré ponerlos con cierto orden, aunque su ranking no es del todo exacto.

Camino a la perdición, de Sam Mendes

La película es todo un cúmulo de escenas magníficas, pero hay dos planos secuencia que me parecen soberbios. El primero la entrada de Mike Sullivan en el club de Carlino, todo un regalo para los ojos y en el que el grandísimo Conrad L. Hall da una lección de fotografía. Una escena que inicialmente era mucho más larga, pero que fue ligeramente recortada para el film, una pena porque era espléndida de principio a fin. Lamentablemente no la encuentro, pero quien tenga el DVD podrá disfrutarla en los extras.

La segunda la culminación de la venganza de Sullivan, orquestada de forma brillante por Thomas Newman.


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Magnolia, de Paul Thomas Anderson

Uno de los maestros del cine contemporáneo, una especie Robert Altman evolucionado y mejorado genéticamente.


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Toro Salvaje, de Martin Scorsese

De Scorsese puede ponerse muchas maravillas, el director que me cogió de la mano y que me dijo hace unos años lo que era el cine.


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Goodfellas, de Martin Scorsese

El maestro vuelve a aparecer en una de las secuencias cumbres de su cine. Ineludible.


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Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón

Posiblemente una de las escenas más brutales rodada en años y todo un clásico en este tipo de recorridos visuales. Ver para creer.


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Snake Eyes, de Brian De Palma

Una película que si no hubiese sido por Brian de Palma hubiera acabado en el más profundo de los olvidos, impresionante plano secuencia inicial con trampa, pero impresionante al fin y al cabo.


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Old Boy, de Chan-wook Park

Todo un homenaje tal vez involuntario a los beat’em up de las máquinas recreativas de los 80 y principios de los 90, una secuencia de pelea en dos dimensiones impresionante.


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El quimérico inquilino, de Roman Polanksi

No es realmente un plano secuencia, sino más bien dos escenas no muy largas cortadas entre sí, pero me parecen tan impresionantes e inmersivas que me es imposible no ponerlas, ¡aunque no cuentan para el top!


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Nostalgia, de Andrei Tarkovsky

El parsimonioso, atmósferico y genial director en uno de sus grandes clásicos.


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Pulp Fiction, de Quentin Tarantino

El cada vez más hábil Tarantino, se lució con este pequeño plano secuencia con aroma a cine clásico y que destila auténtico amor por el séptimo arte.


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Sed de Mal, Orson Welles

En fin… reverencia.

Early in the 21st Century, THE TYRELL
CORPORATION advanced robot evolution
into the NEXUS phase – a being virtually
identical to a human – known as a Replicant.
The NEXUS 6 Replicants were superior
in strength and agility, and at least equal
in intelligence, to the genetic engineers
who created them.
Replicants were used Off-World as
slave labor, in the hazardous exploration and
colonization of other planets.
After a bloody mutiny by a NEXUS 6
combat team in an Off-World colony,
Replicants were declared illegal
on earth – under penalty of death.
Special police squads – BLADE RUNNER
UNITS – had orders to shoot to kill, upon
detection, any trespassing Replicant.
This was not called execution.
It was called retirement.