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Archivo de la etiqueta: Hotu Matua

En el norte, se encuentra uno de los lugares más curiosos y simbólicos de Rapa Nui, Te Pito Kura, el ombligo de la luz.
Muy cerca se haya el gigantesco Paro, de 11 metros de longitud, el moai transportado y erigido sobre un ahu más grande de la isla, aunque a día de hoy se encuentra caído.

Caballos y Te Pito Kura

Dormido para la eternidad

No deja de ser sorprendente pensar en Rano Raraku y descubrir como los moai semienterrados en las faldas del volcán, tienen un tamaño similar a este gigante, dejando en la famosa cantera una estampa de que lo que se ve es sólo la punta del iceberg, o adaptado a la isla, sólo la cabeza del moai.

Enorme

Estas cinco piedras apuntando a los puntos cardinales tienen, según la leyenda, un significado netamente simbólico, ya que se dice que fueron traídas por el rey Hotu Matua para marcar el ombligo del mundo.
Un lugar bastante mágico pese a su simplicidad, ya que las piedras son magnéticas y son famosas entre otras cosas por despistar la orientación de las brújulas. Su textura, erosionada y a la vez limada por el paso del tiempo y por los miles de visitantes que han puesto sus manos sobre ella, se puede decir que es adictiva, y no deja de ser gracioso descubrir como al cabo de un buen rato, has permanecido alrededor de 5 piedras una considerable cantidad de tiempo. ¡Cosas de Rapa Nui!

El ombligo del mundo

Piedra magnética

El ombligo

Escondido y muy próximo al mar, Te Pito Kura es un lugar que enlaza con la fascinante península de Poike y con la pequeña cala de Ovahe, una playa escondida entre las paredes volcánicas de la isla y que tiene una imagen aún más tranquila que la célebre playa de Anakena, aunque eso es otra historia.
Uno de los lugares más apartados de esta apartada isla, y en el que te llegas a sentir a veces más un intruso que un visitante, con los caballos mirándote con cara de pocos amigos y con el sonido de un pájaro que no conseguí nunca identificar y que tenía un silbido más propio de un saludo de barrio que a la de un ave Rapa Nui, haciéndote girar constantemente la cabeza pensando que alguien te estaba llamando desde algún punto cercano.

Pequeño

La tranquila Isla de Pascua puede resultar agotadora, no sólo por la cantidad de yacimientos arqueológicos que posee, sino también por los largos recorridos a pie que invita a hacer por los lugares más inaccesibles, cargados de todavía más soledad y misterio.

Anakena

Por lo que Anakena es una especie de pequeño paraíso momentáneo en el que descansar un poco, sólo un poco, pues la playa en la que se dice que desembarcó el rey Hotu Matua hace siglos, posee también un precioso grupo de moai, el Ahu Nau Nau y el solitario moai de Ahu Ature Huki, que fue nuevamente levantado y colocado en su Ahu por toda una institución legendaria para Rapa Nui por su labor en la isla, el noruego Thor Heyerdahl, que ayudado de varios isleños tardó hasta 20 días en volver a erigir la enorme figura.

Buen estado

Solo en Anakena

De espaldas

La playa tiene todo el encanto que puede tener un lugar de arena blanca, palmeras al viento y aguas cristalinas de color verdoso, y aunque nunca he sido excesivamente playero, la verdad que marcharse de Anakena cuesta y mucho. Entreabrir los ojos y apreciar en la lejanía los dos Ahu antes comentados es una fantástica experiencia, dando a la playa un ambiente mágico a pesar de su cotidiana estampa de lugar paradisiaco.

Playa

Anakena sunset

El Ahu Nau Nau, además de estar espléndidamente conservado, con petroglifos en la espalda de los moai y con cuatro de ellos con su respectivo Pukao, tiene muchas curiosidades a su alrededor, ya que fue en este lugar donde se descubrió en su día que los moai tenían ojos, con diversos restos de órbitas oculares de coral y piedra esparcidas y rotas en frente de la plataforma.
Actualmente uno de esos ojos puede verse en el Museo Sebastián Englert, en Hanga Roa.
Al tener ojos, se decía que los moai cobraban “vida” y que se convertían en el rostro vivo de los ancestros, dando sentido al término por el que también se conocen a los moai, Mata ki te rangi, ojos que miran al cielo.
Leyendas fascinantes que se entremezclan con la propia realidad y que hacen que la sensación que produce mirar a las hoy cuencas vacías de los moai sea cuanto menos extraña y cautivadora.
Además, aquí también los perros tienen su protagonismo, pues sus baños en la playa con secado en la arena eran antológicos. Especialmente nos sorprendió ver por segunda vez al célebre perro pirata de nuestro primer día en la isla, que había recorrido los 20 kilómetros que hay de Ahu Tahai hasta aquí para darse un chapuzón y comer alguno de nuestros sandwich.
Anakena es siempre una visita nostálgica, pues volver a ella te hace ser consciente de lo lejos que estás y de lo lejos que su recuerdo estará con el paso de los años.
Un recuerdo que a lo mejor no vuelvo a renovar jamás, pero que merecerá la pena tener aunque se vea… borroso y confuso.

Baño perruno

Ahu Nau Nau

Uno de los lugares más mágicos de la isla es sin duda, el Ahu Akivi, la única plataforma ceremonial en la que sus moai miran al mar, ya que el resto de los que están en pie por Rapa Nui, miran hacia el interior.

Tronco

La disposición de los gigantes de piedra tenía principalmente una función protectora sobre los habitantes próximos al Ahu, ya que se decía que su presencia preservaba el mana, fuerza espiritual de la vida, y su mirada estaba destinada a proteger a los clanes que tuviesen los moai ante sus ojos.
De hecho, la mayoría de los moai caídos en la isla a día de hoy fueron derribados en su día por los distintos clanes en su propia autodestrucción, derribando a sus teóricos ancestros para privar al clan de su poder y protección.

Ahu Akivi

Pero como todo en Rapa Nui, las historias, las leyendas y lo que se adapta a los diferentes lenguajes de la propia vida, tiene diferentes y apasionantes versiones, siempre salpicadas con un toque de misterio ya innato en el lugar y en la propia opinión del visitante, que casi siempre mira las figuras sorprendido, no sólo por su tamaño o misterioso transporte, sino por su propia fisionomía.
Lo cierto que este Ahu es uno de los más bonitos de Te Pito o Te Henua, 7 moai que miran hacia el mar y que representan a los primeros exploradores que el rey Hotu Matua envío más allá del océano en busca de un nuevo hogar.

En línea al mar

Como casi todos los lugares de la isla, estos grupos de moai suelen aparecer de improvisto, generando auténticas sorpresas y otorgando a los solitarios paseos por el lugar algo de compañía más allá de los simpáticos caballos y las malhumoradas vacas.
Las cuencas de los ojos vacías de este grupo de 7 exploradores parecen tener una serena expresión y si te das la vuelta puedes seguir su mirada hasta observar en la lejanía el brillante océano Pacífico, que en muchos momentos del día parece un espejo en el que las nubes se reflejan y la sensación de aislamiento se hace un poco más notoria y fascinante al ser consciente del punto del mapa en el que te encuentras.

Al mar

Próximo a este complejo se encuentra Maunga Terevaka, el punto más alto de la isla, desde el que se puede acceder aquí a través de una agotadora caminata que otorga uno de los paisajes más bellos de la Isla de Pascua, y en donde se aprecia realmente el pequeño tamaño que posee.
Contra más te alejas de los moai, más en contacto entras con la soledad, aquí puedes estar horas y horas sin encontrarte con nadie, una sensación de libertad absoluta que no dejó de tener momentos ciertamente hilarantes rozando el terror más extremo en las profundísimas y oscuras cuevas de la isla.
Pero eso, es otra historia.

Akivi al Sol