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Esta obra de Francisco de Arruda que flota a las orillas del Tajo es una de las joyas de la particular arquitectura manuelina, una especie de amalgama de detalles que condensan en pocos centímetros todo tipo de símbolos marítimos y de navegación de la época.
El resultado son estructuras que parecen vivas y que se van entrelazando a medida que van emergiendo de la piedra.
El Monasterio de los Jerónimos es otra obra aún más impresionante, especialmente el espectacular claustro y el interior, con columnas en que se expanden por el techo en forma de redes y tantos detalles como granos de arena de una playa portuguesa.
Dos de las numerosas estrellas de este barrio de Lisboa, muy bien acompañadas de una de las pastelerías más conocidas del mundo, con sus crujientes bocados de crema esperando ser probados y degustados una y otra vez y con todo el encanto y sabor de una zona especialmente creada para homenajear la época de los descubrimientos.

Balcón

Navío a la vista

Pescando

Belem F.C.

Virgen y niño

En la piedra

Caracol

Claustro manuelino

Red

Si se tiene la oportunidad de abandonar Lisboa por un día, nada como darse un salto a Sintra, un pueblo de cuento de hadas con tantas cosas para ver que habrá que decidir qué dejas fuera de la lista de visitas muy a tu pesar, por lo que si se puede permanecer más tiempo, pues mucho mejor.
Ubicada entre montes irregulares, frondosos bosques, jardines que parecen estar encantados, palacios y castillos construidos en el aire, el entorno de este precioso pueblo es espectacular.
De la estación de tren hasta el palacio Nacional de Sintra, con sus dos chimeneas blancas que parecen el sujetador ochentero de Madonna, hay toda un camino de curiosas esculturas que hacen de ese trayecto un pequeño museo al aire libre, que en parte es lo que es Sintra en realidad.
Mientras se camina por el lugar, con el verde como color dominante, es inevitable mirar hacia las montañas y percatarse de una pequeña muralla china que las recorre serpenteantes, se trata del Castelo dos Mouros, que parece una recreación en miniatura de la conocida megaconstrucción china. Aunque parece inaccesible, tras una larga caminata rodeada de naturaleza, poco a poco se va llegando a los principales puntos para el asombro personal, que hace que te encuentres en la parte baja del pueblo y que a los pocos minutos veas todo pequeño en la lejanía y sobre el puesto de vigía de alguno de sus castillos.
Posiblemente la estrella de Sintra sea el Pálacio Nacional da Pena, pura fantasía, pintado de diferentes colores y toda una locura arquitectónica kitsch, con una brutal mezcla de estilos que parece fruto de la indecisión de su arquitecto, que ante la duda decidió poner de todo un poco.
El resultado no sólo es espectacular, sino que también se ramifica en su interior, otra locura que te teletransporta de sala en sala con su variedad decorativa, con salones con toques asiáticos, moriscos, trampantojos con desnudos inacabados de ninfas, muebles diseñados por Eiffel y todo tipo de caprichosos lujos.

Allí

Trepando

Dos

All the world is green

Pequeña muralla china

Ventanas de nata

Chimenea

Arcos

Palacio Nacional de Sintra

Arbolado

De camino

La carretera

Castillo en lago

Casa de patos

Pena

De todo un poco

Castillo de colores

Techo de palacio

Rojo y amarillo

Murallita

Todo

Pero si hay un lugar especial en Sintra, posiblemente sea la mágica villa de Quinta da Regaleira, un lugar que podría albergar una película surrealista por su maravilloso ambiente encantando y que parece también el escenario de una aventura gráfica de antaño, estilo Myst o Gadget.
Con jardines que conectan entre sí mediante cuevas iluminadas, y cámaras secretas tras pequeñas cascadas, recorrer este lugar no sólo hace que te pierdas en él, sino que es toda una experiencia por las curiosas sensaciones que produce su arquitectura y sus extraños jardines, que desembocan en el Pozo de Iniciación, una larga espiral que hace hilo de conductor a diferentes zonas de la Quinta y que parece en sí mismo una especie de portal temporal en el que practicar brujería u otros ritos.

Y después están los famosos dulces de Sintra, las queijadas y los travesseiros, que si me dieran a elegir cogería sin duda estos últimos, una delicia de hojaldre que se voltea, estira y dobla siete veces (eso dicen) y relleno de crema de almendras… en fin, una delicia.

Da Regaleira

La cueva

Pozo

Pozo de iniciación

Copa en el camino

Cabra

Soledad

Banco Regaleira

Miradas estáticas

Toc toc

El camino correcto

Oporto cuenta con la que dicen que es la librería más bonita del mundo, la Livraria Lello e Irmão.
Un lugar mágico que vende todo tipo de libros nuevos y de segunda mano, tan mágico que hasta Harry Potter se ha dejado ver por aquí para algunas de sus películas.
La curiosa escalera que conecta las plantas resulta tan espectacular como todo el acabado de trabajada madera de su techo, que cuenta con una bonita vidriera con el lema “Decus in labore”, Honor al trabajo, adornándola aún más.
Su fachada, con figuras que representan la Ciencia y el Arte, llama la atención, pero mucho más su magnífico interior, que tiene un encanto muy especial.
Y su dueño la verdad que se porta muy bien, permitiendo sin problema hacer fotografías y colocar trípodes varios (sin molestar el paso eso sí), sin perder en ningún momento la sonrisa a pesar de ser consciente de que poca gente pasa por su librería para comprar.
Lo dicho, una lectura obligada en Oporto.

Fachada al sol

Entra Lello

Escalera

Orden desordenado

Raíles para libros

Interior librería

Techo Lello

Labore

Escalera escarlata

Lectura obligada

La tercera ciudad más grande de Portugal, Braga, tiene en su pequeña pero fascinante historia arquitectónica, una amplia variedad de fachadas barrocas y unos laberínticos y estrechos callejones que desembocan en preciosas plazas en las que pasar días y días deambulando.
Aquí se haya la catedral más antigua del país, pero la joya de esta ciudad rodeada de bosques se encuentra a su salida, la espectacular escalera que da acceso al santuario de Bom Jesus do Monte.

Sé antigua

Arco nuevo

El transporte público de Braga te deja prácticamente a los pies del monumento, y tras subir unos agotadoras escaleras hay dos opciones para llegar hasta lo más alto, o bien a pie para disfrutar mientras subes lentamente, o bien coger un funicular para disfrutar en la más cómoda bajada, todo un espectáculo para los sentidos.
Su ascenso es muy pintoresco e inquietante, la escalera está diseñada en varios niveles y cada uno de ellos cuenta una historia. Sus esculturas de terracota, estatuas, terrazas y fuentes forman una amalgama de metáforas sobre los sentidos y la esperanza que parece tener vida propia.

Comienza la subida

Hoja muerta

Ascenso

Bom Jesus

Llorando

Vertiendo

Piedra añeja

Desde casi lo alto

Representación

Manzana

En lo alto y con el horizonte de la ciudad como telón de fondo, se encuentra la iglesia, que aunque queda totalmente eclipsada por su ascenso también es magnífica, adornada en sus alredores por cuevas artificiales, jardines podados con esmero y alguna que otra terraza con Super Bock bien fresquita para ahogar nuestros pecados.

Luz de la mañana

Cúpula semidorada

Al fondo

Jardín a los pies

Un lugar que sorprende mucho, rodeado de naturaleza, cierta tranquilidad y en el que disfrutar del atardecer, nuevamente y a ser posible con una cerveza en la mano.
Una de las joyas más o menos ocultas de Portugal.

Leyendo

Lejano Bom Jesus