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Con el calor casi asfixiante de Singapur, el abrir una botella de cerveza para calmar tu sed y retraer tu sudor es algo simplemente lógico… lo que claro, la cerveza responsable de tal hazaña no es una cerveza cualquiera, es nada más y nada menos que la Tiger, la birra autóctona.
Este dorado néctar, de una calidad similar o tal vez ligeramente superior a la Singha tailandesa (no sé, estas cosas van variando según el momento y el lugar y en aquellos momentos de sed estaba ella y no la Singha…), era una parada obligatoria (o más bien buscada) para descansar de vez en cuando del ritmo de la ciudad y del aroma del incienso de los templos.
Lo mejor para mi era su generosa botella de 633 ml, (también había una más pequeña, pero nunca la vi…) que hacía que pedirla fuese todo un orgullo cervecero para la gente local.
En definitiva, una aclamadísima cerveza que es otro de los muchísimos atractivos que tiene Singapur y que unida a una buena comida picante te auguraba delirantes momentos.
En Indonesia se puede encontrar la Bintang, que es netamente inferior pero aún así es muy agradable y refrescante, si bien no consigue hacer olvidar el recuerdo de la Tiger ni por asomo.
A evitar Tsing Tao y cervezas chinas en general, aunque la Jaz tiene un pase.
Imprescindible.

Tiger

Cuando vas pocos días a un sitio hay lugares que dejas irremediablemente de visitar en favor de otros y este monasterio no debe de ser en absoluto uno de los descartes si se visita Singapur.
Su localización no dista en exceso del centro, pero para llegar hasta él hay que dar una serie de sencillos pasos que se pueden otorgar en un principio liosos por la comodidad que ofrece el metro de la ciudad, pero es tan simple como salir de la estación MRT de Bishan, cruzar la calle hasta la estación de bus y coger el nº410 de placa amarilla. Las paradas de bus de Singapur parecen pequeños accesos de aeropuertos, con zonas divididas por pasillos que desembocan directamente en el bus cuando éste llega a la estación, por lo que equivocarse es prácticamente imposible.
¿El número de paradas para llegar hasta el monasterio?, no lo recuerdo, pero simplemente no tiene pérdida porque su visión desde el bus es tan rotunda que rápidamente sabrás identificarlo.

Dragones y tejados

Su grandioso aspecto, con pagodas coronadas por sinuosos dragones y contemplativos guerreros, ensombrece a otros templos menores que pueden encontrarse en Kuala Lumpur y en el propio centro de Singapur, y su enorme tamaño amplifica aún más la sensación de que nos encontramos en un pequeño mundo budista.
El monasterio se divide en varias templos, cada uno más interesante que el anterior, pasando por lugares más minimalistas y de recogimiento para los monjes, a otros directamente más espectaculares y solitarios, como la pagoda de los Diez Mil Budas, cuya estupa concentra la pequeña imagen de 9.999 budas y completando la redonda cifra el grande que preside la sala de oración.

Naranja

Budas y budas

Maestro

Recorrerlo es una especie de viaje sensorial de arquitectura y tranquilidad envolvente, ya que aunque se encuentra en las afueras del núcleo principal de la ciudad, no deja de estar medianamente rodeado de edificaciones y tráfico. Unida a la surrealista simpatía de los monjes y profesores del sitio, que con amplias sonrisas devuelven cada mirada o sonido del obturador de la cámara de fotos mientras te invitan amablemente a que vayas a ver el buda gigante de la sala principal en lo que ellos terminan la ceremonia para que puedas volver con más calma en unos minutos (en el fondo nos estaban echando, pero el buda gigante merecía la pena y minutos después su promesa de recibirnos fue totalmente verídica).

Gran buda

Una de las zonas más curiosas y bonitas del Monasterio es la zona de la librería Dharma, con toda una legión de pequeños monjes de piedra en su jardín realizando diferentes labores con cara sonriente y con la gran estupa dorada de la pagoda principal alzándose brillante sobre más techos habitados por dragones de larguísimos bigotes.
Lo mejor de recorrer sitios como Kong Meng San Phor Kark See es su facilidad para crear, o más bien recrear, soledad, ya que su espectacular entorno le convertiría seguramente en una atracción si estuviese mejor situado, pero su particular magia reside en que su bullicio es inexistente y que sus residentes te miran con asombro y a la vez con respeto y curiosidad, como si valorasen tu visita como algo más que una pequeña excursión de más de dos horas.

Leones en fila

Monasterio

Budista

Protegiendo

Patio de enanos

Contemplación

Un pequeño gran laberinto de fácil salida pero perdición obligada que comunica sus pisos y pagodas por liosas escaleras paradójicas que parecen sacadas de la mente de Escher.

Gafas sucias

El nombre de Singapur evoca nostalgia, siempre había asociado esta ciudad al cine de Wong Kar Wai, por sus constantes referencias en “In the mood for love”, pero la Singapur que nombra Chow en el film es muy diferente a la urbe de hoy en día, su pasado colonial se puede resumir en un pequeño distrito al borde del río, pero su canalización para despertar admiración posiblemente sí tenga mucho que ver con el aparentemente borroso recuerdo del film del genial director chino.
Singapur sin más preámbulos se puede describir como espectacular, o más bien como ESPECTACULAR. Desconozco como será Nueva York o Tokyo, pero el abrazo tecnológico y urbanístico de Singapur al futuro se puede decir que sobrecoge y emociona.

Singapur

La ciudad da la sensación de ser un enclave europeo optimizado por el talento oriental, con una diversidad cultural nuevamente de álbum de cromos pero con una milimétrica organización que hace funcionar todo de manera perfecta, tal vez demasiado perfecta. Descrita de vez en cuando como una urbe ideal de rigurosas normas y cuantiosas multas, Singapur se divide entre un pasado de pecado y un presente en el que nadie se atreve a pecar.
Pero es su progreso e inminente crecimiento lo que conmociona de la ciudad, la sensación que provoca caminar entre templos iluminados por pequeñas velas a encontrarse con rascacielos de proporciones lumínicas alucinantes, es simplemente emocionante.

Singapore lights

El río

El centro de Singapur es accesible y viajar en su metro un curioso contrapunto al alma exterior de la ciudad, ya que a diferencia de otras grandes ciudades el paso por el subterráneo es bastante anodino y lento, formándose un tráfico terrible en las escaleras mecánicas y en los accesos. A diferencia de ciudades como Madrid, donde quedarse quieto en la escalera en el lugar equivocado puede acarrear miradas asesinas y amenazas, en Singapur todo es pausado y alegre.

Metro de Singapur

El distrito colonial y los “quays” son el referente más solicitado a la hora de encontrarse con las imágenes más típicas de la ciudad, con la sencilla pero encantadora figura del Merlion, el león pez, como punto central mirando hacia el río, hacia ese hotel-nave espacial que es el Marina Bay Sands y dejando a sus espaldas una jungla de cristal que al llegar la noche desenvuelve su belleza de acero entre focos, iluminación feroz y espectáculos de luz y sonido proyectados en pantallas de agua.

Theatres on the bay

Sands

Nubes de león

Singapur es una ciudad de ciencia ficción, sólo faltan pequeñas lanzaderas surcar su cielo para encontrarse con una estampa más propia de Los Angeles de “Blade Runner” que de una ciudad que todavía no ha llegado al 2019, aunque con la diferencia de que su aspecto dista mucho de ser apocalíptico.
El susodicho Marina Bay Sands, una prodigiosa edificación que ofrece posiblemente las vistas más bonitas de la ciudad, es el perfecto punto para observar como todo se concentra y expande en la lejanía, creando un terremoto visual que asombra por su perfecta síntesis y ocultando bajo ese manto de luces de anónimas ventanas el verdadero encanto de la ciudad.

Futuro

Marina Bay

La personalidad de este pequeño estado pasa por las sartenes y ollas de su gastronomía, una de las más fascinantes y extremas del mundo, con todo tipo de maravillas de carácter oriental para todo tipo de paladares. Se nota tanto la cultura por la comida que es difícil el momento en el que la ciudad no mueve sus mandíbulas para masticar o sorber algún fideo, y los contundentes puestos callejeros, los restaurantes y pubs adornan cada esquina con olores de especias y fritura.
Desde degustar una cabeza de pescado al curry en Little India hasta comer un cuenco de noodles y gyoza en puestos sedentarios como Lau Pa Sat, la experiencia de pararse a comer convierte este común acto en algo tan ineludible como la visita a cualquier museo, monumento, plaza o edificio.

Curry fish

Singapur es un regalo envuelto de tal forma que deja entrever fácilmente lo que es, pero cuando lo abres la sorpresa es mayúscula al descubrir que no era lo que esperabas, sino algo más.
Muchas cosas quedan en el tintero y las joyas que adornan su núcleo central y sus eclécticos alrededores merecen posts aparte, pues el Merlion, ese gigante boquiabierto que preside cada lugar de la retina del visitante, tiene mucho que hablar de su magnífica ciudad.

Río láser

Vista nocturna

Dragones y tejados

León pez