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Archivo de la etiqueta: Viajes

Suelen estar por todas partes y siempre es una gozada fotografiarlas, las diferentes estatuas y esculturas que pueblan una ciudad son uno de sus signos de identidad más distintivos y en muchas ocasiones, una de las verdaderas razones para visitar un lugar en concreto para ser testigo directo de esa figura que llevas viendo tantos años en libros y por internet.

Musa

Praça do Comercio

Museo Gulbenkian

Jinete de los cielos

Mirando a Spui

Perfil soleado

Multatuli

Rembrandt

Tapada

Anna Frank y Westerkerk

Pose

Palacio Lucerna

Fantasma

Pesar

Jinete

Jardín de los franciscanos

Dragones y mazmorras

Rostros perdidos

Raíces camboyanas

No hay nada más relajante y a la vez estresante para mi que organizar un viaje, o más bien, los días previos al mismo.
Poco importan los meses de preparación leyendo todo tipo de guías e información diversa por internet, sin contar mil y una visitas al siempre eficiente Google Earth, cada vez más inmersivo y delirante, los nervios siempre están ahí y a pesar de tener la experiencia de viajes anteriores siempre tengo una inseguridad que me hace pensar que cuando llegue al lugar no seré ni capaz de salir del aeropuerto… cosa que nunca pasa, aunque a veces soy tan impetuoso que me encuentro dando vueltas sin mucho rumbo hasta que consigo relajarme.
El vuelo de ida es una especie de extraño ritual en el que dormir está completamente vetado, si no me da la sensación de que me estoy perdiendo algo importante del viaje, el mirar a través de la ventanilla al infinito y el disfrutar de ese momento en el más absoluto de los silencios. Muchas veces me ha tocado al lado el típico pasajero parlanchín y durante unas horas me convierto en la persona más esquiva del mundo, aunque como en todo, a veces hay excepciones.
Es un proceso incomprendido, que a mi me reconforta e ilusiona tanto como llegar a mi destino, en el que hago lo que más me gusta… perderme. Para mi no hay mejor sensación viajera que llegar al destino, mirar a todos lados y saber, aunque sea de forma muy leve, que dentro de unas pocas horas recorreré cada rincón con total seguridad y conocimiento.

Ñam ñam

Me gusta estar aquí frente al ordenador y hacer memoria de los muchos momentos que un viaje proporciona e imaginarme recorriendo países y ciudades, saber que si me soltaran en una callejuela de Berlín saldría de ella y que podría llegar perfectamente a mi restaurante favorito de Praga con sólo unos pocos pasos.
Como muchas fotos que a veces te hacen por sorpresa en el destino soñado, que no te muestran a ti en el lugar sino que muestran el lugar en ti, no hay nada como sentirse por unos momentos algo más que un visitante.
Cada viaje tiene muchos objetivos, muchas cosas para ver y disfrutar, pero son los momentos que no esperas del todo los que de verdad disfrutas, los momentos que al fin y al cabo aparecen porque están en ti esperando a salir.
Ahora mismo me recuerdo tarareando a Pink Floyd mientras recorría la East Side Gallery de Berlín haciendo fotos a todo lo que no se movía y a lo que se movía también, a ese mágico día en el que entré en una cervecería de Praga y sentí ver una especie de paraíso, con camareros con 4 o 5 jarras en cada mano y un hábil señor bigotudo tirando cerveza con una destreza que parecía puro arte.
O el primer recuerdo de “pelos de punta” que tengo de ese viaje conjunto a Tailandia y Camboya, un señor que me llevó en ricksaw por toda Ayutthaya y del que jamás podré olvidar su gesto de agradecimiento al despedirme de él. Nunca he recibido un gracias tan sincero y espectacular, con cada músculo del rostro y posición del cuerpo representando pura gratitud.
O llorar frente a Abu Simbel o al ver la sombra de Angkor Wat emergiendo entre los primeros rayos del Sol… es la magia que tiene ese acto llamado viajar, la pena es que no se pueda estar en ese estado siempre.
A pocas semanas del siguiente destino el ritual se repite, borro las tarjetas de memoria y sonrío al revisionar las fotos que se conservan en ellas del viaje anterior. Es curioso pero nada más me acerca al recuerdo de esos días como ver las fotos directamente en la pequeña pantalla de la cámara.
Tal vez porque gran parte del viaje lo veo a través de un objetivo que me acompaña día y noche, pero en realidad los mejores recuerdos no salen en las fotografías, aunque son, eso sí, un excelente apoyo para ayudarte a recordar.

Tras la ventana